Antonio Vivaldi

Antonio Vivaldi

Inicio » Biografías » Antonio Vivaldi

Antonio Vivaldi fue un compositor e instrumentista nacido en Venecia en 1678. Su vida transcurrió en los años posteriores a la república veneciana, por entonces conocida como el «salón de Europa» y suerte de puerto libre defendido por mercenarios de diversos orígenes y gobernada por aventureros y mercaderes. Viajó por numerosas capitales europeas para regresar siempre a su ciudad natal, donde experimentó toda clase deformas y novedades musicales. Su obra cayó en el olvido, hasta que fue rescatada por las transcripciones de Bach.

Acontecimientos importantes de la vida de Antonio Vivaldi

1678 Nace en Venecia.
1703 Se ordena sacerdote y es nombrado «maestro de violín» del veneciano hospital de la Piedad.
1709 Primera edición documentada de obras suyas.
1713 Primeros viajes y óperas.
1728 Concierto ante el emperador Carlos VI.
1741 Es enterrado en Viena, en la fosa común.

La música como sacerdocio

La de Antonio Vivaldi fue una existencia consagrada exclusivamente a la música. Es una vida pobre en anécdotas espectaculares, pero extraordinariamente fructífera: Vivaldi dejó, a su muerte, 75 sonatas, 23 sinfonías, 454 conciertos para toda clase de solistas y combinaciones instrumentales, 45 composiciones teatrales, 3 oratorios y unas 40 producciones estrictamente sacras.
Se le supone nacido en Venecia en 1675 o 1678. Su primer maestro fue su padre, Giovanni Battista Vivaldi, reputado violinista y miembro de la capilla del Dogo. Es casi seguro que también recibió lecciones de Legrenzi. Como otros muchos compositores de la época, profesó la carrera sacerdotal, recibiendo las órdenes el 23 de marzo de 1703. Éste es el mismo año del feliz encuentro de Antonio Vivaldi con las músicas orfelinas del hospital de la Piedad de Venecia, en donde fue nombrado «maestro de violín», y en donde llegaría a ser sucesivamente «maestro de coro» y «maestro de conciertos». En Venecia había cuatro orfanatos, subvencionados por el erario público, dedicados a la exclusiva formación musical de los niños, generalmente expósitos. El hospital de la Piedad era femenino y, según el testimonio de un viajero de la época, De Brosses, las niñas asiladas vestían de novicias, cantaban como los ángeles y dominaban la interpretación de toda clase de composiciones con toda suerte de instrumentos. Este material humano y este ambiente de entrega monacal a la música fueron los que, sin duda, permitieron a Vivaldi la producción de una de las obras más vastas y sugerentes de su tiempo.
De hecho, sólo es posible rastrear los viajes del compositor, ya famoso, por su ausencia en el registro anual del hospital de la Piedad, al que retornó una y otra vez a lo largo de toda su vida. Antonio Vivaldi era, además, hombre de salud delicada. Al menos, ésta fue la excusa para su renuncia al ejercicio del sacerdocio. Parece demostrado, en todo caso, que sólo era capaz de andar distancias muy cortas. Esto quiere decir que su presencia en diversas ciudades italianas, y en Viena, Trieste o Amsterdam (no se puede asegurar su viaje a París), sólo pudo deberse a la presentación de sus óperas, en las que actuaba no sólo como director, sino también como una especie de empresario, o bien a su participación en un concierto, bien como autor, director o instrumentista. Y tan sólo se le conoce una relación femenina, la de la cantante de ópera Anna Giraud, limpia amistad que se mantuvo a lo largo de los años.
La publicación de sus composiciones tampoco nos ilustra sobre la fecha exacta de su creación, pues aquéllas solían recopilar obras anteriores no datadas. En cualquier caso, en 1709 aparece su primera obra editada, las doce Sonatas para violín; en 1712, La extravagancia y La fantasía armónica; en 1725, El fundamento de la armonía y de la invención, que, entre otras composiciones, recoge los conciertos de Las cuatro estaciones; en 1737 aparece, en París, la colección de Sonatas conocidas como El pastor fiel (Il pastor fido), y en 1740, las seis Sonatas para violonchelo y bajo continuo. De su producción sacra cabe destacarse su Gloria, en re mayor, o las tituladas Beatus vir, Dixis Dominus y Laúdate pueri. En relación a su producción para la escena, por último, cabe recordar su encuentro con Goldoni, en 1735, del que surgió la colaboración del gran comediógrafo en el libreto de Griselda.
Una vida tan productiva no se materializó en riqueza de ningún tipo, en parte, también, porque Vivaldi era, al parecer, hombre derrochador, poco dado a la previsión y al cálculo. Prueba de ello es que cuando la muerte le sorprende en Viena, a los sesenta y pocos años de edad, alojado en casa de un tal Stadler, nadie sufraga los gastos de un entierro digno, y Antonio Vivaldi, pese a toda su fama, es enterrado en la fosa común del Bürgerspital.
Sus contemporáneos comprendieron que la composición musical no sería la misma antes y después de Vivaldi: él dotó al concierto de una expresividad lírica que, sobre todo en los tiempos lentos, concedía todo protagonismo a un instrumento solista, esquema que ha perdurado prácticamente hasta nuestros días; fue, también, con sus oberturas operísticas y con sus conciertos para cuerda, auténtico precursor de la sinfonía preclásica. Bajo su influencia, dos generaciones de compositores, entre los que se cuentan J. S. Bach, G. F. Hándel, G. Tartini y J. M. Leclair, recrearon sus temas, sus formas y su rítmica. Injustamente olvidado tras su muerte, fue recuperando poco a poco el favor de los públicos, gracias a las transcripciones que Bach hizo de sus conciertos, y los cuatro para violín conocidos como Las estaciones llegarían a figurar entre las obras de mayor difusión de la música clásica.

¿Te ha sido útil este artículo?
1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (No hay votos aún) ¡Sé el primero!