Cleopatra VII

Cleopatra VII

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Cleopatra VII fue reina de Egipto, accedió al trono en el año 51 a.C., cuando Roma extendía su águila imperial sobre todo el mundo helenístico y se apoderaba de Macedonia, los restos del Imperio seléucida y Egipto. Pero éste aún se hallaba en poder de los Tolomeos y era la única que sobrevivía de las grandes conquistas que, tres siglos antes, iniciara Alejandro Magno. Fue en ese momento histórico cuando surgió el último gran monarca de la dinastía lágida: Cleopatra. La hija de Tolomeo XII Auletes llevó a su reino al máximo esplendor y también a su desaparición, cuando su encanto personal y su habilidad política no fueron suficientes para detener el irresistible poder de Roma.

Cleopatra accede al trono

Cleopatra VII de Egipto fue la última monarca helena que gobernó este reino sobre territorios que nunca soñaron sus antecesores. Durante su reinado, entre el 51 y el 30 a.C., la dinastía de los Lágidas alcanzó el máximo esplendor y también el final. Su cultura, refinamiento y fascinante belleza fueron armas que utilizó eficazmente para mantener la autonomía de Egipto en momentos en que el Imperio romano extendía sus dominios a expensas de Macedonia, los reinos del Asia Menor y del norte de África.
De hecho, aunque Egipto se mantenía en poder de los Tolomeos y gozaba de cierta autonomía, estaba sometido al poder romano. Cleoplatra, que había nacido en Alejandría en el 69 a.C., accedió al trono, compartiéndolo con su hermano Tolomeo XIII, cuando contaban diecisiete y diez años, respectivamente. La joven reina no participó en las guerras civiles romanas que continuaban desde los tiempos de Sila, pero sí se vio envuelta en las intrigas palaciegas egipcias fomentadas por el partido de su hermano y esposo. Éste, aconsejado por el eunuco Pothin, el estratega Aquilas y el preceptor Teódoto, acusó a Cleopatra de conspirar contra él, obligándola a huir de Alejandría.

Regreso de Cleopatra a Alejandría

En Siria, la reina egipcia organizó un ejército y regresó a la capital, pero no llegó a entrar en ella. Poco antes, el 2 de octubre del 48 a.C., lo había hecho el general romano Cayo Julio César, vencedor de su rival Pompeyo en Farsalia y a quien había perseguido hasta allí. Sin embargo, cuando arribó, Pompeyo había sido asesinado por orden de Tolomeo XIII, que quería congraciarse con el nuevo hombre fuerte de Roma. Según cuenta Plutarco, Cleopatra, envuelta en una manta de viaje, logró sortear a los esbirros de su hermano y se presentó ante Julio César para pedirle ayuda. El general romano asumió el papel de árbitro y obligó a Tolomeo XIII a compartir el trono con su hermana, pero el joven rey, que en un principio había aceptado la situación, se rebeló poco después, iniciando la llamada «guerra alejandrina». Tolomeo XIII fue vencido por el ejército de Mitrídates de Pérgamo y murió ahogado en el Nilo.
**Las relaciones íntimas entre Cleopatra y Julio César se hicieron públicas cuando, en el 47 a.C., el general romano regresó a Alejandría y juntos remontaron el río sagrado, en un paseo que hizo ostentación de gran pompa. La reina egipcia, al dar a conocer los íntimos lazos que la unían a César, pretendía afianzar su posición en una corte donde las intrigas y el asesinato eran cotidianos. Al mismo tiempo, aquél se aseguraba una importante aliada en un territorio célebre por su riqueza y la gran producción de cereales.

Cleopatra y Marco Antonio

Marco Antonio
Marco Antonio

Tras el asesinato de Julio César, el 15 de marzo del 44 a.C., Cleopatra, que se hallaba en Roma en compañía de Cesarión, el hijo de ambos, regresó a su patria y mantuvo su autoridad, al margen de las disputas civiles de los romanos. Pero la relativa calma habría de romperse, en el 413 año de su encuentro con Marco Antonio. Este, que había salido en persecución de los asesinos de César y los había derrotado en Filipos, proseguía su campaña triunfal por el Asia Menor. En Éfeso, Marco Antonio fue aclamado como la encarnación del dios Dioniso, motivo por el cual, en la ciudad siria de Tarso, señalada para su encuentro con Cleopatra, ésta se le apareció por mar como la viva representación de Afrodita. Marco Antonio, en ese momento el hombre más poderoso del Imperio romano, no dudó en brindarle su apoyo y sostenerla en el trono.
De la apasionada y tormentosa relación entre Cleopatra y Marco Antonio nacieron tres varones —Alejandro Helio, Cleopatra Selene y Tolomeo Filadelfo—, a los que el triunvirato romano dio el título de reyes, entre el 37 y el 36 a.C. Con el tiempo, la influencia de Cleopatra sobre Marco Antonio llegó a ser total, al punto de ensanchar su propio territorio a expensas de los triunfos romanos. Nunca hasta entonces la dinastía macedonia de los Lágidas había dispuesto de un reino tan vasto. Fenicia, Celesiria y parte de Judea, Arabia y Cilicia fueron anexionados a Egipto.

Muerte de Cleopatra

Cayo Octavio, sobrino e hijo adoptivo de César, y rival de Marco Antonio, ante el peligro de cisma del imperio declaró la guerra a Cleopatra. El 2 de septiembre del 31 a.C. las flotas romana y egipcia se enfrentaron en Accio. En un momento crítico de la batalla, Cleopatra huyó y Marco Antonio corrió tras ella. Ya en Egipto, ambos se suicidaron. Según la tradición, ella se hizo morder por una serpiente, después de que intentara en vano seducir a Octavio. A su muerte, Egipto fue anexionado a Roma, desapareciendo así el último de los reinos helenísticos.

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