Confucio

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Confucio, filósofo y moralista chino del siglo VI a.C. Vivió una época marcada por las feroces guerras entre señores feudales. Perteneciente a la pequeña nobleza cuyo poder se desmorona, Confucio desarrolla una filosofía de carácter aristocrático y ritualista que pretende racionalizar el sistema feudal y establecer una estricta jerarquía. Sin embargo, no pudo encontrar ningún príncipe que le permitiera aplicar sus principios morales y legales. A partir del siglo V d.C. fue venerado en los templos públicos y su imagen figuró en las escuelas chinas. Confucio sería durante mucho tiempo sinónimo de cultura china, en la cual influiría poderosamente hasta principios del siglo XX.

Acontecimientos importantes en la vida de Confucio

551 a.C. Nace en una aldea del estado chino de La.
479 a.C. Muerte de Confucio en Lu.
212 a.C. Cuatrocientos sesenta alumnos seguidores de Confucio son quemados vivos.
422 d.C. Se le dedica un templo en su ciudad natal.

Una familia venida a menos

Confucio, latinización de K’ong Fu-tseu imaginada por los primeros misioneros cristianos, nació en una pequeña aldea de Lu, actualmente Shan-tong, el año 551 a.C. Fue fruto del segundo matrimonio de su padre, que pasaba de los sesenta años, y la joven Yen Chen-tsai. De la primera esposa el viejo K’ong tenía nueve hijas y viendo que le quedaba poco tiempo para traer al mundo un hijo varón que pudiera oficiar los ritos ancestrales, recurrió a la esposa “secundaria” o “pequeña esposa”, práctica habitual en la sociedad poligámica de la China de entonces. La joven Yen era la menor de tres hermanas; las dos mayores rehusaron la unión y la pequeña, que tendría unos trece años, aceptó para complacer a su padre, viudo y con pocos recursos económicos.
Se sabe que el padre de Confucio era un militar de linaje noble. La familia procedía del país de Shung, de donde había sido expulsada, y entre sus antepasados se contaba un hermanastro del último emperador de la dinastía Shang, así como el duque de Shung, al cual se le restauró la posesión y el gobierno del ducado de Lu, donde nacería Confucio.
El viejo K’ong no destacó en ninguna de sus actividades y en el ejército siempre desempeñó puestos subalternos.
Cuando nace Confucio, su familia es pobre y ordinaria
. Tenía tres años cuando murió su padre. Su infancia y adolescencia transcurren bajo la protección materna, quien se encargaría de su educación. Algunos estudiosos apuntan que esta circunstancia habría influido en su doctrina sobre la «piedad filial».
Parece ser que Confucio no tenía un físico precisamente agraciado. Al nacer presentaba una notable prominencia en la cabeza, por lo que se le llamó Ch’iu, que significa ‘colina’. Dicho aspecto no mejoraría con el paso de los años. Hizo, en cambio, gala muy pronto de una inteligencia privilegiada. De niño gustaba celebrar a solas y con gran seriedad los complicados ritos de la época, que habría aprendido de libros antiguos, a cuya lectura se entregaba en menoscabo de los juegos y deportes propios de su edad.
A los diecinueve años se casó con una joven de la que nada se sabe. Conforme a las costumbres chinas de aquel tiempo, cabe afirmar que se trataría de una mujer de su misma clase social. El matrimonio duró muy poco. Al poco de nacer su hijo varón, de nombre Po Yu, la mujer le abandonó, presumiblemente para regresar a casa de sus padres. Este hijo no debió de darle muchas satisfacciones, pero sí su nieto Tsesze, conocido también como K’ong Ch’i, que fue gloria de la escuela confuciana y autor de Armonía central y de varios capítulos del Liki.

Confucio
Confucio

Aunque la tradición le atribuye el ejercicio de altos cargos, lo cierto es que el desempeño de su primer cometido fue como intendente de los graneros del duque del estado de Lu, y al parecer también se ocupó del ganado del mismo. Confucio se distinguió por la equidad de sus medidas y su honradez.
En esa época murió su madre. Confucio guardó estrictamente el riguroso luto de tres años prescrito por aquellos ritos a que era tan aficionado. Pero debido tal vez al trauma causado por el fallecimiento detectó en ese tiempo los primeros síntomas de su vocación filosófica. Al término de los tres años de duelo se reincorporó a su cargo.
Confucio fue un autodidacta. Tenía acceso a los archivos del estado de Lu y dedicaba a la lectura y al estudio los ratos libres que le dejaban sus obligaciones administrativas.
A los treinta y siete años empezó a ser llamado K’ong Fu-tseu (K’ong ‘el Maestro’). Contaba a la sazón con dos discípulos de importancia, el hijo y un sobrino de uno de los ministros de la corte imperial de Zhou, a los que debía enseñar los ritos. Gracias a ello pudo visitar Lo-yang, la capital del imperio.
Durante su estancia en la capital, efectuó la histórica visita al viejo filósofo Lao-Tsé, quizá con la excusa de informarse sobre ciertos ritos. El joven filósofo hizo ante el maestro una brillante y erudita exposición, como si hablara ante un numeroso y atento auditorio. La respuesta de Lao-Tsé marcó la diferencia, prácticamente antagónica, entre ambas doctrinas. Cuenta Sima Quian, historiador chino del siglo II a.C., que Confucio salió de la entrevista con el ánimo abatido y el rostro descompuesto.

Maestro y político

A su regreso al estado de Lu, Confucio prosiguió sus estudios y su actividad didáctica. Los discípulos se multiplicaron rápidamente y llegó a tener una cantidad considerable, que la tradición cifra en torno a los tres mil. Pero a decir verdad, los alumnos de su escuela no pasaron nunca de la treintena; vivían con él y pagaban cierta cantidad de dinero por la enseñanza que recibían y en concepto de manutención.
Por entonces el duque del estado de Lu, de quien Confucio era administrador, fue derrocado por tres familias feudales aliadas. Lejos de amoldarse a la nueva situación como tantos otros funcionarios, Confucio siguió a su señor en el exilio.
Durante quince años, el filósofo vagó de un lugar a otro acompañado de sus discípulos. Al término de ese período pudo regresar con el duque a su país natal, devastado ya por las luchas intestinas libradas por los clanes que habían usurpado el poder. Confucio fue nombrado subsecretario de Justicia y tuvo la ocasión de llevar a la práctica algunos de los preceptos morales y legales que había confeccionado durante sus muchos años de estudio. Era una época de violencia y desorden; los señores feudales adquirían cada vez más fuerza y el pueblo vivía en la miseria. Para atajar los males. Confucio pregonó un retorno a la virtud, al orden, el respeto de las jerarquías y el riguroso cumplimiento de la justicia: «Que el soberano se comporte como soberano, el ministro como ministro, el padre como padre y el hijo como hijo».
El estado de Lu adquirió un bienestar general que contrastaba con la situación de los estados vecinos, devastados por las guerras y rencillas internas. Se cuenta que, temerosos de su creciente poder, los consejeros del vecino estado de Tche idearon una curiosa estratagema para acabar con tal prosperidad sin recurrir a la guerra. El príncipe de Tche mandó a su vecino, el duque Ting del estado de Lu, ochenta bailarinas para su harén y ochenta caballos. El duque, tan bien ocupado, dejó de recibir en audiencia al animoso moralista reformador, y éste, al cabo de tres meses, abandonó su cargo y reemprendió sus viajes pedagógicos.
Confucio partió con sus discípulos hacia el estado de Wei, donde no fue muy bien recibido. Desde allí quiso pasar al estado de Chi, pero en el camino fue atacado por unos bandoleros. Algunos dicen que habían sido mandados por el propio rey de Wei, temeroso de que en Chi se reprodujera la mejora que había acaecido en Lu; otros afirman que el ataque fue simplemente una equivocación. Los historiadores coinciden en que Confucio mantuvo una actitud serena ante el ataque y que efectuó un discurso sobre el Li (‘ritual’) ante los que pretendían acabar con él. Su estratagema dio resultado.

Estatua de Confucio
Estatua de Confucio

Confucio desandó el camino para dirigirse al estado de Ching, al otro lado del río Amarillo. Pretendía encontrarse allí con dos discípulos indirectos suyos, ministros y letrados, para exponerles su deseo de que lo introdujeran en la corte. Cuando se disponía a cruzar el río, recibió la noticia de que sus dos amigos habían sido ajusticiados.
Durante trece años, Confucio y sus seguidores vagabundearon de un estado a otro. Los últimos años de viajes fueron cruciales en la vida del filósofo. Llegó por fin a admitir que había fracasado en su carrera política. Comprendió que no podría encontrar ya un príncipe que le permitiera llevar a la práctica su ideal de gobierno. Entonces regresó a su tierra para dedicarse a la literatura.
Confucio presintió su muerte cuando cierto día unos cazadores encontraron un animal raro y así lo hizo saber a sus discípulos. En aquellos momentos, el filósofo se sintió incomprendido y se dice que antes de morir escribió las crónicas Primavera y Otoño, sobre la base de historias existentes, y declaró a sus discípulos que las generaciones futuras le conocerían por ese libro. Sin embargo, parece ser cierto que no escribió ninguna obra. Su doctrina y sus estudios fueron recogidos por sus discípulos en los «Cinco clásicos», que comprenden Libro de canciones, Libro de la historia, Libro de los cambios. Primavera y Otoño y Libro de los ritos. Las mejores máximas de Confucio fueron recogidas por sus discípulos —generalmente abreviadas y separadas de su contexto— en el libro Analectas.
Confucio murió el año 479 a.C. y fue enterrado a orillas del río Sze, al norte del estado de Lu. Sus discípulos guardaron un riguroso duelo durante tres años. El culto a Confucio empezó muy pronto, quizá debido a discípulos de tanta categoría como el filósofo Mencio, uno de los más importantes de China. El culto dejó de ser oficial en su país en 1912.

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