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Gobierno de Pompeyo

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Nacido de la más antigua nobleza romana, Pompeyo (Cn. Pompeius Magnus) hizo sus primeras armas bajo el mando de su padre, Pompeyo Estrabo, en la Guerra de los Aliados. Más tarde combatió contra los partidarios de Mario, sobre todo en Sicilia y África, donde sus victorias le valieron por parte de Sila el sobrenombre de «Grande» (magnus), luchando al mando de un ejercito privado, reclutado entre las clientelas familiares del Piceno y los veteranos de su padre partidario de Sila.
Su vida política se inició cuando Sila entró en Roma después de vencer a Mitrídates en el 84 a.C. Sus primeras acciones fueron poner orden en un panorama político, agitado por dos focos de resistencia de los Populares, encabezados por Lépido y Quinto Sertorio.

Rebelión de Lépido (78 a.C.)

El Cónsul Emilio Lépido, antiguo «Popular» pasado a Sila, intentó buscarse un soporte a su liderazgo en los elementos de la población perjudicados por la Dictadura silana.

Programa político de Lépido

Su programa político recogía las principales aspiraciones y reivindicaciones de los grupos e individuos excluidos del sistema, que pedían:

— El regreso de los exiliados.

— Devolución a sus antiguos dueños de las propiedades confiscadas.

— Anulación de las medidas de Sila contra los descendientes de los proscritos.

— Reanudación de los repartos gratuitos de grano entre la plebe.

emilio lipido
Emilio Lipido

Extensión de la agitación

Las aspiraciones de Lépido encontraron eco en la región de Etruria, cuyos habitantes habían sido muy afectados por las confiscaciones y la provincia se levantó contra Roma.
El Senado dio órdenes a los Cónsules de aplastar el levantamiento. Catulo obedeció pero Lépido se unió a los sublevados.
Pompeyo fue nombrado lugarteniente del Cónsul Catulo y Lépido fue vencido en el Puente Milvio. Una parte de las tropas, mandadas por Marco Perpenna, huyó a Hispania y se unió a las tropas de otro rebelde al régimen de Sila: Quinto Sertorio.

Pompeyo y Sertorio (74-71 a.C.)

Q. Sertorio había luchado contra los Cimbrios y Teutones, y después contra los pueblos Itálicos en la Guerra de los socii. En todas sus intervenciones se acreditó como excelente general. Entre Mario y Sila se puso de parte de Mario, en contra de Sila. Cuando éste entró triunfante en Roma, Sertorio pasó a Hispania (82 a.C.), con el propósito de allegar recursos para contrarrestar el poder de Sila.
Roma mandó contra Sertorio a dos de sus mejores generales: Metelo y Pompeyo.
Sertorio logró, empleando una hábil política, granjearse el afecto de los hispanos.

— Fundó una escuela en Osea (Huesca) para educar a los hijos de los nobles celtíberos. En ella se les enseñaba las letras griegas y latinas.

— Formó en Évora un Senado de 300 miembros, compuesto de romanos y refugiados que huían de la represión romana.

— Venció a Metelo y Pompeyo en varias batallas (Valencia, río Xucrón, Sagunto).

No pudiendo vencerlo en el campo de batalla, los romanos pusieron precio a su cabeza (200 talentos), siendo asesinado por su lugarteniente, Perpenna, en un banquete (72 a.C.).
Pompeyo permaneció en la Península Ibérica cinco años (76-71). Se le atribuye la fundación de la ciudad de Pompaelo (Pamplona), en el país de los vascones.

Sertorio
Sertorio

Pompeyo y la Guerra de los Gladiadores

Los gladiadores —generalmente esclavos, prisioneros de guerra o criminales que luchaban en el circo en Roma— se sublevaron. Su jefe era un príncipe de Tracia que había desertado del ejército romano, llamado Espartaco (73-71 a.C.). Después de permanecer preso y trabajando como esclavo en Capua, consiguió evadirse y organizó un ejército de gladiadores y esclavos fugitivos.

Los hechos:

Espartaco derrotó varias veces a las Legiones romanas y consiguió llegar a las puertas de Roma.

Craso se puso al frente de las legiones romanas, restableció en ellas la disciplina y consiguió empujar a los gladiadores hacia el sur, venciéndolos en la batalla de Sílaro, donde Espartaco murió heroicamente.

— Derrotados y sin jefe, los gladiadores se dirigieron hacia los Alpes, pero se encontraron con Pompeyo, que regresaba de Hispania, siendo aniquilados casi completamente.

— La venganza de Pompeyo fue terrible: los que no murieron en la batalla fueron crucificados (unos 6.000). Pompeyo escribió al Senado: «Craso ha vencido a Espartaco; pero yo he vencido las raíces de la guerra; nunca más renacerá».

gladiadores
Gladiadores

El consulado de Pompeyo y Crado

Como recompensa de esta victoria, en el año 70 fueron elegidos Cónsules Craso y Pompeyo, que representaban la reacción popular, aboliendo la Constitución de Sila y las limitaciones impuestas por Sila a los Tribunos de la Plebe, dando un amplio margen de acción a los Populares, ya que estos magistrados sólo eran meros agentes de grandes personalidades republicanas.
Con ellos, Pompeyo aumentó su poder.
También expulsaron del Senado a 64 Senadores añadidos por Sila.

Craso (M. Cicinio Craso) se quedó en Roma durante la década siguiente, llevando a cabo una alianza con L. Sergio Catilina y César, que aportaron apoyo electoral al Orden Ecuestre.

Actividad de Pompeyo

La actividad de Pompeyo en los años posteriores puede resumirse en los puntos siguientes.

Guerra contra los piratas (67 a.C.)

Poderes y efectivos: La Lex Gabinia

  • La Lex Gabinia del 67 a.C. le concedió el imperium marítimo y el poder de operar en el interior en una profundidad de 50 km. por todas las costas.

  • Puso a su disposición la flota y todo el tesoro de Roma, pudiendo ser ayudado por reyes y súbditos de Roma.

Pompeyo, con estos poderes, creó una flota y venció a los piratas con 100.000 caballeros, 5.000 jinetes y 100 navios.

Hechos y resultado (67 a.C.)

  • El general romano bloqueó todos los puertos del Mediterráneo, obligando a los corsarios a refugiarse en las costas montañosas de Olida (en el Mediterráneo Oriental), donde encontraron puertos buenos y seguros.

  • Pompeyo fue a buscarlos en sus refugios del mar Egeo y del mar Negro, saqueó sus arsenales y sus almacenes, destruyó sus navíos e hizo 20.000 prisioneros, aunque se mostró generoso, perdonándoles la vida y distribuyéndolos entre las ciudades que la guerra había despoblado. La lucha había durado tres meses.

Pompeyo y la 3ra Guerra contra Mitrídates (74-63 a.C.)

Los hechos

Los hechos que precedieron: La segunda guerra mitridática y la paz de Dárdano.
Mitrídates, vencido por Sila (84 a.C.), después de la muerte de éste, supo aprovecharse de las sublevaciones y de las luchas entre los partidos, levantándose en armas contra Roma con el fin de reconquistar los territorios que había perdido.
En el año 82 a.C. surgieron los primeros roces a propósito de Capadocia que desencadenaron la intervención de Lucio Licinio Murena, sucesor de Sila en Asia.
A duras penas se restableció la paz, más ficticia que real, que convirtió el Ponto en un polo de atracción de elementos opuestos: los antirromanos y los antisilanos.

La invasión de Bitinia

Mitrídates, con el apoyo de su yerno, Tigranes de Armenia, creó en Asia Menor un complejo de poder que sólo esperaba una ocasión favorable para levantarse contra Roma. La ocasión se presentó al morir el rey Nicomedes IV de Bitinia, que dejó su reino a Roma.
Mitrídates invadió Bitinia y el Senado encomendó su dirección a los gobernadores de Bitinia y Asia, Aurelio Cotta y Licinio Lúculo respectivamente.

La 3ra Guerra Mitridática propiamente dicha

Mitridates venció a Cotta en Calcedonia, pero Lúculo logró hacerle huir e invadió el Ponto, buscando Mitrídates refugio en Armenia, junto a su yerno, el rey Tigranes.

mitridates moneda
Moneda con el rostro de Mitridates

La acción de Lúculo y los Publicani (70 a.C.)

Tras sus victorias, Lúculo regresó a su provincia que requería urgentes medidas económicas, rebajando los impuestos a la población, lo que le valió la oposición de los empresarios y los Publicani que esquilmaban la provincia. En el 69 a.C., Lúculo invadió Armenia y se apoderó de su capital, Tigranocerta, pero un motín de sus soldados le hizo perder la ventaja y la expedición fue un rotundo fracaso, logrando Tigranes y Mitrídates recuperar sus posesiones.

La Lex Manilia del 66 a.C.

Partidarios de Pompeyo vieron la ocasión de sacar provecho de esta derrota de Lúculo. El Tribuno de la Plebe, Cayo Manilio, presentó una ley que encargaba a Pompeyo la conducción de la guerra contra Mitrídates. Esta ley Manilia le otorgaba un potencial de autoridad muy superior a la Lex Gabinia, al margen de la Constitución romana. Esta ley añadía a la Ley Gabinia la jurisdicción sobre Frigia, Licaonia, Galacia, Capadocia, Cilicia, Bitinia, Cólquide superior y Armenia.
En defensa de la Lex Manilia, Cicerón pronunció un discurso que se consideró crucial en su carrera política.
Las cosas no iban bien cuando Pompeyo asumió el mando del ejército, pues no sólo Mitrídates y su aliado el rey de Armenia, Tigranes (121-56 a.C.), habían entrado en sus respectivos Estados, sino que también habían tomado la ofensiva y los romanos retrocedían en todas partes.
Pero Pompeyo llegaba a Asia con 60.000 hombres y una numerosa flota, la cual le permitió bloquear las costas de Asia Menor, mientras Mitrídates sólo podía oponerle 30.000 hombres.
Viendo Mitrídates que sus esfuerzos serían inútiles y cansado ya de la lucha, pidió la paz, retirándose a las inaccesibles regiones del mar Caspio, donde murió a avanzada edad.
Desembarazado del rey del Ponto, Pompeyo penetró en los Estados de Tigranes de Armenia, no encontrando apenas resistencia, ya que, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, Tigranes fué a humillarse ante Pompeyo y le ofreció su corona, restableciéndosele en el trono de parte de Armenia después de pagar una suma de 6.000 talentos.
Pompeyo no destruyó este reino de Armenia porque Roma necesitaba oponerlo como barrera contra la ambición del rey de los Partos.

Los resultados

Pompeyo, tras apoderarse del Ponto y de Armenia, ocupó Bitinia y Siria, transformándolas en provincias romanas (74 a.C.). Por último, pasaron al poder de Roma, Fenicia y Palestina, en cuya capital, Jerusalén, tomada por asalto, residió desde entonces un procónsul romano (64 a.C.),
La noticia de los acontecimientos del Bósforo llegó a Pompeyo ante los muros de Jericó (63 a.C.) y se apresuró a dirigirse a Amiso, ordenando el entierro de Mitrídates en Sínope, junto con los otros reyes de su Dinastía. El Triunfo se celebró en Roma el 26 de septiembre del año 61 a.C. En él fueron exhibidos familiares y cortesanos de Mitrídates así como numerosos objetos suntuosos.
Concluida la guerra y la reorganización de Oriente sobre nuevas bases, Pompeyo, con un gran ejército que le servía fielmente y las numerosas clientelas que había adquirido, se dispuso a regresar a Roma como el hombre más poderoso de la República.

Situación en Roma: La década de los 60

En Roma, mientras Pompeyo se acercaba, sucedían tres hechos fundamentales:

  1. Los partidarios de Sila controlaban los Comitia Centuriata, que elegían a los Magistrados mayores o cum Imperium (cónsules y pretores).
  2. Se iba formando una tercera fuerza en torno a Marco Licinio Craso, que contaba sobre todo con sus ilimitados recursos financieros.
  3. Surge ahora en la escena política romana Cayo Julio César, aristócrata de antigua familia, ligado por lazos familiares a Cayo Mario, que había visto abortadas sus aspiraciones políticas en tiempos de Sila por esta razón.

La época de Cicerón, César y Pompeyo (78-43 A.C.)

Al finalizar esta época, se hundió el sistema Republicano en Roma por causas diversas.
En el exterior: por las guerras continuas causadas por la debilidad del régimen republicano:

  1. Con Mitrídates VI Eupator, rey del Ponto.
  2. Con los piratas.
  3. En la Europa continental.

En el interior: todos estos conflictos influían en Roma, donde los políticos manipulaban a los votantes con elecciones pactadas, demagogia, compra de votos y asesinatos políticos.

En esta época tan conflictiva destacaron sobre todo tres personalidades:

  1. Pompeyo (106-48 a.C.), el gran general vencedor en Oriente, del que venimos hablando.
  2. Cayo Julio César (100-44 a.C.).
  3. Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.).

En el año 63 a.C. Cicerón es nombrado Cónsul. Apoyado por Craso, queriendo ganarse el apoyo Popular contra el posible peligro de un regreso de Pompeyo.

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