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La batalla de Antietam

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El día de combate más sangriento en la historia de los EE.UU. la batalla de Antietam terminó con un empate táctico, aunque con una victoria estratégica para la Unión, al frustrar la invasión del norte por parte de la Confederación. La Proclamación de Emancipación transformó la guerra civil estadounidense en una cruzada en pro de los derechos humanos.

Datos de la batalla de Antietam

Quiénes: El ejército confederado de Virginia del Norte, con 55.000 hombres, bajo el mando del general Robert E. Lee (1807-1870), se enfrentó al general George B. McClellan (1826-1885) y al ejército unionista del Potomac, en número superior a 85.000.

Cómo: Desde el amanecer hasta el anochecer, las tropas unionistas y confederadas lucharon hasta llegar a un empate táctico en una batalla de tres fases que se desarrolló de norte a sur desde un maizal hasta una carretera baja y un puente de piedra.

Dónde: Al oeste de Maryland junto al pueblo de Sharpsburg y a lo largo de las riberas del arroyo de Antietam.

Cuándo: 17 de septiembre de 1862.

Por qué: El ejército confederado de Virginia del Norte invadió Maryland, llevando la guerra civil estadounidense al territorio del norte.

Resultado: Lee abandonó la ofensiva y Lincoln cambió el carácter de la guerra al promulgar la Proclamación de Emancipación

Antecedentes

El verano de 1862 fue frustrante en Washington, D.C. Dieciséis meses después de que se hiciera el primer disparo de la guerra civil estadounidense en Fort Sumter, la Unión no había logrado todavía ninguna victoria importante en el teatro oriental. La campaña de la Península, cuyo objetivo era la capital confederada en Richmond (Virginia), había sido rechazada durante las batallas de los Siete Días en junio y julio. A finales de agosto se sucedió una derrota humillante en Second Manassas (Bull Run). Para restaurar el orden y la moral entre las desanimadas tropas, el presidente Abraham Lincoln restituyó al general George B. McClellan al mando supremo. McClellan, un soberbio organizador, fue el arquitecto del ejército del Potomac, aunque también era cauto y carente de iniciativa en el campo de batalla. Por otro lado, el ejército confederado de Virginia del Norte exhibía el ímpetu y el arrojo que solo la victoria podía conferir. Su comandante, el general Robert E. Lee, había demostrado su brillantez táctica y había derrotado al enemigo en casi todas las ocasiones. Solo una semana después de Second Manassas, cruzó el río Potomac e invadió el norte.

La audaz apuesta de Lee

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Soldados en la batalla de Antietam

Lee calculó que una expedición a Maryland y Pensilvania obtendría muchos logros, tanto militares como políticos, para el acosado Sur. Se creía que los simpatizantes del sur en Maryland se solidarizarían con el ejército rebelde, proporcionándole alimentos, suministros y nuevos reclutas. Los confederados podrían vivir también de las ricas tierras de labor del sur de Pensilvania, destruir el puente del ferrocarril sobre el río Susquehanna y amenazar la capital estatal de Harrisburg. Una victoria en tierra del norte permitiría a Lee amenazar Filadelfia, Baltimore y Washington, D.C. Tal vez lo más importante de todo, una victoria así podría obtener el reconocimiento formal y el auxilio de Gran Bretaña y Francia. Lee se dio cuenta además de que la capacidad de la Unión para hacer la guerra era prácticamente ilimitada. La Confederación había tomado la iniciativa. Ahora tenía que utilizar esta iniciativa hasta el fondo.
Tras la frustrada campaña de la Península, McClellan había sido degradado en beneficio del general John Pope (1822-1892), quien había establecido y probablemente adornado su reputación como combatiente de los indios en el oeste. Durante la campaña de Second Manassas, Pope podía haber estado dispuesto a luchar, pero Lee y sus subordinados James Longstreet (1821-1904) y Thomas J. «Stonewall» Jackson (1824-1863) le hicieron parecer un simple aficionado. La caballería confederada asaltó el cuartel general de Pope en Manassas, robándole su capote de gala y 350.000 dólares en efectivo. Después Longstreet y Jackson completaron la desbandada en el antiguo campo de batalla de Bull Run. Cuando Lincoln se tragó el orgullo y volvió a llamar a McClellan, los soldados del ejército del Potomac se manifestaron en vítores. Esta vez, sin embargo, McClellan no hizo marchar a sus tropas hasta Virginia. Se dirigió al noroeste hacia Maryland para interceptar a los rebeldes invasores.

La campaña

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Mapa de la batalla de Antietam

Mientras los confederados avanzaban hacia la población de Frederick (Maryland), el arsenal federal de Harpers Ferry se hallaba entre Lee y su base de suministro en Winchester (Virginia). También podía cortar su línea de comunicación con Richmond a través del valle de Shenandoah.
Haciendo caso omiso de uno de los principios del mando, Lee dividió su ejército frente a un enemigo de superior potencia y envió a Jackson a capturar Harpers Ferry.
Lee contaba con la cautela de McClellan, confiando en que Jackson podría terminar su misión y reunirse con el grueso del ejército antes de que los soldados de la Unión llegaran en número abrumador. El 12 de septiembre, el ejército entero de Virginia del Norte podría concentrarse en Hagerstown (Maryland) y continuar hacia Pensilvania.
Mientras Jackson se ocupaba de Harpers Ferry, el cuerpo de Longstreet se dirigió a Hagerstown el 10 de septiembre. Tres días después, mientras el grueso del ejército de McClellan llegaba a Frederick, un soldado vio un sobre que estaba en el suelo. Dentro había tres puros y una copia de la orden especial 191 que Lee había emitido el 9 de septiembre. La orden detallaba la disposición de las tropas confederadas, y pronto estuvo en poder de McClellan.
El ejército de Lee corría ahora gran peligro. Si McClellan se movía con rapidez hacia el este por los puertos de South Mountain, podría interponer su ejército entre Longstreet en Hagerstown y Jackson en Harpers Ferry. Su fuerza podría aplastar a estos elementos separados uno por uno.
Sin saber que la orden especial 191 había caído en poder de McClellan, Lee había empezado ya a preocuparse del excesivo tiempo que estaba llevando la toma de Harpers Ferry. Sabía que McClellan estaba en Frederick, y el movimiento de la fuerza de la Unión continuaba a un ritmo preocupante. Incluso conociendo el aprieto de Lee, McClellan perdió varias horas y no partió hacia los puertos de South Mountain hasta la mañana del día 14.
Los acontecimientos parecían desarrollarse con rapidez, y Lee sentía que se le escapaba el control de la situación. Ordenó a Longstreet que enviara tropas desde Hagerstown para defender los desfiladeros de Turner y Fox, y a Jackson que despachara una fuerza desde Harpers Ferry para guardar el desfiladero de Crampton, más al sur. Sus acciones dilatorias le permitirían a Lee ganar un tiempo precioso para reunir a sus dispersas fuerzas. No obstante, McClellan se abriría camino por los desfiladeros y, la noche del día 14, Lee dio orden de abandonar las posiciones de Harpers Ferry en preparación de una retirada general hacia la seguridad de Virginia.
En las primeras horas del día siguiente, mientras los soldados de la Unión se aproximaban cada vez más, Lee recibió al fin buenas noticias. Un mensaje de Jackson afirmaba que Harpers Ferry caería durante la mañana del día 15. Lee canceló su orden original y mandó que sus tropas se concentraran cerca de la población de Sharpsburg. Longstreet se desplazó, y Jackson partió rápidamente de Harpers Ferry, dejando a la división del general A. P. Hill para que se ocupara del botín capturado y de casi 12.000 prisioneros de la Unión.

Disposiciones

Creyendo que aún podía salvar su campaña, Lee decidió plantarse junto a una colina baja que dominaba el arroyo de Antietam. La caballería del general J. E. B. Stuart protegía el flanco izquierdo de la línea confederada, que estaba apoyada por la división del general John Bell Hood en una zona boscosa llamada los West Woods. El general D. H. Hill situó cinco brigadas en el centro rebelde, frente a la carretera de Boonsborough. La división del general D. R. Jones ocupaba un kilómetro y medio de la línea confederada, que terminaba a lo largo de unos elevados riscos en el lado occidental del arroyo de Antietam, por encima del puente inferior. La tarde del día 16, la mayoría de los soldados de Jackson habían llegado de Harpers Ferry y duplicaron el tamaño de la fuerza de Lee hasta unos 36.000 efectivos.
A mediodía del 15, McClellan había reunido a 75.000 soldados al este del Antietam. Ambos bandos habían situado artillería en las zonas altas circundantes y se produjo un cañoneo esporádico el día 16, mientras McClellan perfeccionaba su plan de ataque. Dos cuerpos de ejército, bajo el mando de los generales Joseph Hooker y Joseph K. E Mansfield, fueron situados a la derecha de la Unión y se les ordenó que lanzaran el asalto inicial, con los cuerpos de los generales William B. Franklin y Edwin V. Sumner preparados para explotar cualquier ventaja significativa. El cuerpo de ejército del general Fitz-John Porter tomó posiciones en el centro de la Unión a lo largo de la carretera de Boonsborough, y el cuerpo de ejército del general Ambrose Burnside se situó a la izquierda junto al puente inferior. Si Hooker y Mansfield obtenían ventajas significativas, Burnside atacaría el flanco derecho confederado y tal vez continuaría hasta la población de Sharpsburg. Por último, los soldados de Porter asaltarían el centro confederado en apoyo del ataque de cualquiera de los flancos. McClellan había desperdiciado oportunidades de atacar al ejército confederado durante la tarde del día 15 y de nuevo el día 16. Cuando se trabó finalmente la batalla el día 17, Lee pudo utilizar sus líneas interiores. Moviendo los refuerzos a las zonas de combate intenso, bloqueó varios avances importantes de la Unión. McClellan no consiguió coordinar su ataque y envió a las reservas de forma poco sistemática, anulando su superioridad numérica.

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Batalla de Antietam

La batalla de Antietam

Al amanecer, los federales de Hooker avanzaron por la carretera de Hagerstown hacia la iglesia de Dunker. El fuego de artillería abrió grandes brechas en las filas de los defensores, y el centro del salvaje combate se concentró en un campo de 12 hectáreas. Relevados durante la noche por dos brigadas bajo el mando del general Alexander Lawton, los téjanos de Hood estaban preparando el desayuno cuando se inició el combate. Un desesperado Lawton pidió ayuda, y las tropas de choque de Hood hicieron retroceder la punta de lanza de Hooker más de 400 metros. Ambos bandos enviaron refuerzos, y los muertos y heridos empezaron a amontonarse. Algunos relatos afirman que el sangriento maizal cambió de manos hasta 15 veces.
Más de 90 minutos después de los ataques iniciales de Hooker, Mansfield asaltó a los confederados sobre el mismo terreno. Mientras su ala derecha era despedazada por la artillería confederada, Mansfield fue herido mortalmente. Una división de la Unión, bajo el mando del general George Greene, consiguió llegar al terreno rocoso situado delante de la iglesia de Dunker, pero no apareció ninguna otra unidad para aprovechar la ventaja, y los hombres de Greene se vieron aislados e inmovilizados.
Hacia las 9:00, Sumner condujo a dos divisiones desde las proximidades de los West Woods, a poco más de medio kilómetro de la irregular línea confederada. En respuesta, Jackson desplegó reservas, algunas recién llegadas de la marcha desde Harpers Ferry y otras transferidas del ala derecha rebelde próxima al puente de piedra, para tender una trampa a lo largo del borde de los West Woods. Durante la marcha, la segunda división de la Unión, bajo el mando de William French, perdió el contacto con Sumner y se desvió. Una única división de 5.000 hombres, bajo el mando del general John Sedgwick, continuó, tropezando con la trampa tendida por Jackson. El fuego cruzado de casi 10.000 mosquetes abatió la mitad de las fuerzas de Sedgwick en apenas 20 minutos. Jackson contraatacó, pero fue rechazado por la artillería de Sedgwick. El tercer ataque de la mañana de la Unión no había conseguido nada, y había docenas de muertos y heridos diseminados por el suelo en torno al maizal, la carretera de Hagerstown y la iglesia de Dunker. A las 10:00 de la mañana el ala izquierda confederada había aguantado, maltratada aunque imbatida.
La lucha se desplazó ahora hacia el sur, donde D. H. Hill había aprovechado una carretera situada a un nivel inferior, que había sido erosionada por años de tráfico de carros y ofrecía ahora una posición defensiva natural. Cuando la división de French se alejó de Sedgwick, trabó combate con soldados de tres brigadas de la división de Hill, que se habían retirado de la lucha en torno a la iglesia de Dunker. Estalló una feroz batalla a la izquierda de la carretera baja. La famosa Brigada Irlandesa asaltó a los confederados en la carretera baja hacia las 10:30 de la mañana, sufriendo 540 muertos y heridos antes de retirarse. De todos modos, los ataques de la Unión continuaron. Agotados, los confederados empezaron a vacilar cuando un par de regimientos de Nueva York consiguieron flanquear la carretera baja y dirigir un fuego mortal a lo largo de la trinchera, y una orden mal entendida dio lugar a que una brigada rebelde entera abandonara sus posiciones.
Los cuerpos de los confederados estaban amontonados en la carretera baja, que la historia llamó «Camino sangriento». Una vez más, el ejército de la Unión estaba al borde de una victoria decisiva. Una defensa fragmentaria retrasó el avance de la Unión, que había alcanzado hasta 500 metros más allá de la carretera baja. Un empujón más con nuevas tropas de su amplia reserva podía ganar el día para McClellan; no obstante, el comandante vaciló y después ordenó a sus soldados que mantuvieran sus posiciones.
Desde la mañana hasta media tarde, las tropas de la Unión más al sur habían tratado de tomar el puente inferior sobre el arroyo de Antietam. Mientras parte de sus soldados buscaban lugares donde el arroyo pudiera ser vadeado con facilidad, el comandante del cuerpo, el general Ambrose Burnside, estaba decidido a tomar el puente que finalmente llevaría su nombre. Estaba defendido tan solo por 400 fusileros confederados. Tras cuatro horas de infructuosos intentos para capturar el puente, las tropas federales de Nueva York y Pensilvania cargaron sobre él y ganaron la orilla occidental.
Durante toda la mañana, Lee había despojado de soldados su ala derecha para respaldar las zonas oprimidas de su izquierda y centro. Ahora, a pesar de su lento avance, Burnside estaba en posición de barrer a un lado a los tristemente insuficientes defensores confederados, capturar Sharpsburg y cortarle a todo el ejército rebelde el camino de retirada. No obstante, esperó dos horas preciosas, consolidando su ocupación del lado oeste del arroyo. Cuando Burnside se puso finalmente en marcha hacia las 15:00 de la tarde, avanzó con lentitud. Una hora más tarde, estaba solo a 800 metro del pueblo. En el preciso momento en que más falta hacía, A. P. Hill y su división ligera aparecieron en una nube de polvo, avanzando a toda prisa por la carretera de Harpers Ferry. Sus agotados soldados habían cubierto los 27 km hasta la escena del combate en siete horas, y muchos habían roto filas a causa del agotamiento. La carga de la división ligera paró en seco el avance de Burnside, quien se retiró hacia el arroyo. A las 18:00 de la tarde la batalla de Antietam había terminado. Lee estaba demasiado maltratado para tomar la ofensiva.
Las bajas del día más sangriento de los EE.UU. fueron espantosas. El ejército del Potomac contó 12.410 muertos, heridos o desaparecidos, mientras que el ejército de Virginia del Norte había perdido 10.700 efectivos. Durante todo el día 18 de septiembre, Lee aguantó firme. McClellan rehusó renovar el combate y no persiguió a las columnas confederadas cuando se retiraron a través del Potomac.

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Muertos en la batalla de Antietam

Secuelas

A raíz de la batalla de Antietam, el presidente Lincoln se convenció de que el resultado era una victoria suficiente para emitir la Proclamación de Emancipación, que liberó a los esclavos en los territorios que entonces se hallaban en rebelión contra los EE.UU. El documento transmutó la guerra de un esfuerzo para salvar la Unión en uno de liberación y de perpetuación de la libertad. Los gobiernos europeos, que habían abolido ellos mismos la esclavitud, se vieron disuadidos de respaldar la causa confederada.

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