Esquilo

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Esquilo fue un dramaturgo griego de fines del siglo VI a.C. y comienzos del V, considerado el padre de la tragedia griega y, junto a sus sucesores Sófocles y Eurípides, uno de sus más insignes representantes. Participó en las batallas de Maratón y Salamina contra los persas, las cuales abrieron el camino a la instauración de la democracia en Grecia. La experiencia de Salamina quedaría recogida en su obra Los persas; la de Maratón, en su voluntad de que la efemérides constara en su epitafio.

Esquilo, padre de la tragedia griega

A la clásica afirmación de que Esquilo fue el padre de la tragedia griega, no le faltan razones: fue el primero en incorporar un segundo actor en escena, con lo que se inaugura el diálogo entre personajes, además del que éstos tenían con el coro; a él se debe, quizá, la invención de los coturnos y la diferenciación de niveles escenográficos, mediante la utilización de tarimas, así como la acentuación del vestuario como elemento fundamental del cuadro dramático. Lo histórico y lo mitológico alcanzan en sus piezas profundidad religiosa y virtuosismo moral. Su ponderación de la justicia y su execración de la venganza son elementos de profunda renovación ideológica, que otorgan a su estilo perennes matices de fuerza e intensidad.

Familia de héroes y dramaturgos

Nació en Eleusis en el año 525 a.C., hijo de Euforión, un miembro de la casta aristocrática de los eupátridas; su hermano Cinegiro fue héroe de la batalla de Maratón contra los persas. Según el biógrafo Suidas, también tuvo una hermana, madre posible de un linaje de poetas trágicos; la leyenda quiere que también los hijos de Esquilo, Euforión y Evaión, fueran poetas trágicos. A pesar de su precoz dedicación al teatro. Esquilo alcanzó a combatir en las batallas de Maratón y en Salamina, en la penúltima década del siglo V a.C. poco antes del comienzo de las guerras médicas. Según Suidas, habría debutado en la tragedia hacia el 500 a.C.; consigue su primer éxito en el 484 y ya es notablemente célebre en el 472, cuando presenta Los persas. El rey Hierón, también admirador y promotor de Píndaro, invita a Esquilo a su corte de Siracusa, donde el poeta escribe una pieza en honor de la ciudad de Etna, que el propio Hierón acababa de fundar.

Presentación de la Orestíada

De vuelta en Atenas, la gloria de Esquilo va en aumento: en el 467 obtiene el primer premio con Los siete contra Tebas, primer eslabón de lo que se conoce como tetralogía tebana; en el 458 vuelve a triunfar con la Orestíada, una nueva tetralogía cuyas tres primeras partes (Agamenón, Las coéforas y Las Euménides) se han conservado íntegras. En ellas el sentido religioso y el dramático adquieren un equilibrio todavía cargado de arcaica fuerza, y se supone que durante la gestación de estas obras tuvieron lugar sus extraordinarias innovaciones, que tan profundamente expresan el cambio de sensibilidad entre la Grecia arcaica y la clásica.
La existencia de los dos actores —encargados además de representar varios papeles— permitió a Esquilo separar definitivamente la tragedia de los dos géneros afines de los cuales había surgido: la epopeya y el ditirambo, con lo que ganó agilidad dramática y acortó los monólogos líricos del coro.
A partir de su triunfo con la Orestíada, los historiadores pierden toda certeza respecto de la datación y los movimientos del poeta de Eleusis. Se especula con que Las suplicantes haya sido su primera obra; se cree que luego, con ciertos cambios estilísticos, abordó en Los siete contra Tebas el destino de los hijos de Edipo y que más tarde, antes de emprender la Orestíada, que narra el crimen de Clitemnestra y Egisto, la venganza de Orestes y su expiación, produjo la majestuosa Prometeo encadenado.

Orestes
Orestes

Esquilo se aleja de Atenas

En algún momento, tras la terminación de la Orestíada. Esquilo se alejó de Atenas. Es posible que sus conciudadanos rechazaran algunas de sus obras posteriores: en Grecia la consagración debía ser inmediata y estaba cargada, para Esquilo, de significaciones religiosas. Otra versión le atribuye algún crimen castigado con el exilio tanto al dramaturgo como a sus allegados, pero los filólogos contemporáneos se sienten más inclinados a pensar que, nuevamente invitado por Hierón, decidió residir en Siracusa, junto a Píndaro y otros poetas y artistas de los que amaba rodearse el rey.
Los antiguos eligieron una versión bufa para la muerte de Esquilo: una águila que sobrevolaba el lugar, confundió su gran cabeza calva con una roca y dejó caer una tortuga sobre ella. Ha existido una interpretación alegórica de esta muerte: fueron las divinidades griegas arcaicas, las del terrible Cronos que sólo conoce la necesidad, las que eliminaron al poeta que, en sus tragedias, incorporó a Zeus y las nuevas deidades del Olimpo al arte y la sensibilidad de su tiempo.

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