Francis Bacon

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Francis Bacon, filósofo, político y escritor inglés, es considerado uno de los más genuinos representantes del Renacimiento de su país. Vivió durante los reinados de Isabel I y de Jacobo I, siendo acusado de ser un cortesano sin escrúpulos. Su fama posterior la debió a sus trabajos científicos y, en gran parte, a la veneración que los enciclopedistas sintieron por él. En su Discurso preliminar, d’Alembert le calificaba como «el más grande, el más universal y el más elocuente de los pensadores».
La gran ambición de su vida, colmada sólo en parte, fue la de realizar una reorganización general de las ciencias.

Acontecimiento importantes en la vida de Francis Bacon

1561 Nace en Londres.
1577 Es nombrado agregado a la embajada inglesa en París.
1590 Elegido miembro de la Cámara de los Comunes.
1601 Interviene activamente en el proceso y la posterior ejecución de su antiguo protector, el conde de Essex.
1620 Publica la primera parte de su Instauratio magna.
1626 Muere en Londres, arruinado pero universalmente reconocido.

Francis Bacon nace el 22 de enero de 1561 en Londres, una de las figuras más representativas del Renacimiento inglés. Culto hasta el extremo de ser admirado por los enciclopedistas franceses, ambicioso e intrigante sin escrúpulos en sus actividades políticas, y auténtico acaparador de cargos, títulos y dinero, su fama posterior la debe fundamentalmente a sus trabajos científicos, ya que pasa por ser el «inventor» de la ciencia moderna.

Francis Bacon
Francis Bacon

Nacido en el seno de una familia pietista y muy vinculada a la casa real, al acabar sus estudios en el Trinity College, en 1577, fue enviado a París como agregado de la embajada inglesa. Allí conoció a Voltaire y a los enciclopedistas, con los que mantendría una difícil pero duradera relación intelectual. Cuando muere su padre, en 1577, el joven Bacon tiene más ínfulas que medios materiales y debe regresar a Inglaterra para estudiar derecho. Sin embargo, lo que por esas fechas atrae realmente su atención son las ciencias y ya entonces concibe un proyecto que no le abandonará hasta su muerte: la reforma general de la ciencia. En 1588, y a pesar de su ambigua relación con Isabel I, es nombrado abogado de la corona gracias a la protección del conde de Essex, protección que le valdrá en 1590 ser elegido miembro de la Cámara de los Comunes. Su abierta oposición a la reina frena su carrera política y le acarrea graves dificultades económicas, pero en cambio le deja mucho tiempo libre para sus estudios. En 1599 publica sus Ensayos morales, económicos y políticos. Dos años más tarde tiene lugar un hecho que marcará decisivamente la vida de Bacon. El conde de Essex es acusado de conspirar contra la reina, y su antiguo protegido, hoy abogado especial de la corona, contribuye decisivamente a que el acusado sea condenado y posteriormente ajusticiado. La clara disociación entre su conducta pública y el contenido moral de sus escritos será causa de vivas polémicas entre los filósofos de la época. En 1603, y gracias a la influencia de un nuevo protector, el duque de Buckingham, Bacon sabe ganarse los favores del nuevo rey, Jacobo I, que le nombra lord Keeper (1617), lord Chancelier (1618) y barón de Verulam. De ahí le vendrá el nombre de Verulamium con que se le conoció en su tiempo. Es el momento de su apogeo. Su influencia en la política nacional es tan grande como su reconocimiento científico. De esa época data su obra cumbre, Instauratio magna, cuya primera parte, Novum organum scientiarum, se publicó en 1620, en tanto que la segunda, Sylva sylvarum, no fue publicada hasta 1626, un año después de su muerte. Asimismo vieron la luz de modo póstumo obras como Certain miscellany works (1629), Scripta in philosophia naturali et universali (1653), Resucitatio (1657) y Opuscula philosophica (1658), prueba de que el interés por sus trabajos científicos iba en aumento según pasaban los años. Como buen renacentista, Bacon escribió toda su obra en latín y fue traducida al inglés por su secretario y discípulo Thomas Hobbes. Aparte de su gran aportación en el campo de la sistematización de las ciencias naturales, la gran influencia de Bacon fue debida a su método de conocimiento. La verdad, según él, no depende de ningún razonamiento silogístico, sino del experimento y de la experiencia guiada por el razonamiento inductivo. El hombre de ciencia verdadero debe ser un guía y no un juez. Y el método adecuado para alcanzar la filosofía natural pura es el paso de los particulares a los «axiomas menores» y de éstos a los «axiomas medios», que conducirán a las proposiciones de tipo general.
Irónicamente, Bacon fue víctima de su propio método de conocimiento. La creciente oposición de los Comunes al poder real absoluto marcó su definitiva caída política, que en 1621 llegó incluso a ser juzgado y condenado por corrupción y prevaricación. Tras unos meses de cárcel y el posterior destierro en Londres, Bacon logró ser perdonado por el rey pero no rehabilitado en sus cargos. Sólo su gran fama internacional le proporcionó unas magras prebendas que lo sostuvieron económicamente en sus últimos años, en los que se dedicó por entero a sus escritos y a unos experimentos científicos que le costaron la vida. Murió una gélida noche de abril de 1626, y queriendo demostrar que el frío retrasa la putrefacción de la carne, Bacon salió a la calle para enterrar un pollo en la nieve. Al conocer la causa de su muerte fulminante, debida con toda probabilidad a una pulmonía, sus enemigos no dejaron de resaltar irónicamente la similitud (y la diferencia) con la muerte del gran Plinio el Viejo, que pereció por acercarse demasiado al Vesubio para estudiarlo.

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