Chopin

Frédéric Chopin

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Frédéric Chopin fue un músico polaco de la primera mitad del siglo XIX. Creció durante el breve período en que el zar Alejandro I de Rusia había otorgado a su patria un régimen constitucional. Pero, en 1825 su sucesor, el autocrático Nicolás I, dio libre curso a los fanáticos del paneslavismo que soñaban con la anexión definitiva de Polonia al Imperio ruso.
En 1830 un motín liderado por los nacionalistas polacos estalló en Varsovia; en noviembre de 1831 los ejércitos rusos aplastaron a sangre y fuego la rebelión y convirtieron el territorio en una provincia imperial. La música de Chopin, sobre todo en las formas provenientes del folklore patrio, como las mazurkas y las polonesas, expresan esa vertiente del romanticismo nacionalista; pero, además, Chopin es considerado el más excelso compositor de piano del siglo XIX y sin duda el más influyente.

Acontecimientos importantes en la vida de Chopin

1810 Nace en Varsovia.
1817 Compone su primera obra, una polonesa en sol menor.
1831 Llega a París y triunfa en el medio artístico de la ciudad.
1836 Se compromete con María Wodzinski, pero la familia se opone a la boda.
1837 Conoce a la escritora George Sand, con quien estará unido diez años.
1849 Muere en París y es enterrado en el cementerio de Pére Lacháise.

A principios del siglo XIX la función tradicional de la música dentro de las cortes europeas había entrado definitivamente en crisis. No obstante la libertad recién adquirida, la independencia del creador respecto de protectores y patrones sería reemplazada por la tiranía de un público surgido de las clases medias en las grandes ciudades: París, Londres, Viena, Venecia o Roma. Algunos músicos como Franz Liszt, optaron por dar a ese público lo que éste exigía y aún más: conciertos diarios cuajados de efectos, giros brillantes y gestos excéntricos. Otros, como Schumann y Chopin, intentaron, por el contrario, sustraerse a la vulgaridad del nuevo gusto, y buscaron, en el aislamiento, su espacio íntimo de creación, fuera del asedio de los “filisteos” como solían llamar los artistas a los burgueses consumidores de arte. Esta segunda actitud, adoptada por Chopin, le permitió apartarse del falso brillo del efectismo y seguir su propia evolución, en la que el enlace con la tradición de Bach y Mozart actúa como núcleo estético y compositivo de toda su obra. Pero su fina intuición y su gran inventiva, su casi irrepetible compenetración con las posibilidades del piano, hicieron que sus innovaciones, sobre todo en los aspectos armónicos, hayan tenido un vasto influjo en los grandes compositores posteriores a él, desde Brahms o Wagner hasta Debussy o Schónberg.
Nicolas Chopin, francés nacido en los Vosgos, emigró a Polonia alrededor de los dieciocho años, en 1787, probablemente para escapar del servicio militar. Tras cortar todo lazo con su familia francesa, fue primero administrativo en una fábrica de tabaco y luego ingresó en la Guardia Polaca, llegando a obtener el grado de capitán. En 1802, sin embargo, abandona el ejército y trabaja como preceptor para diversas familias nobles; en una de ellas, en casa del conde Skarbek, conoce a Tekla-Justyna Kryzanowska, pariente de los Skarbek, con quien se casaría el 2 de junio de 1806. Frédéric fue el segundo de los cuatro hijos del matrimonio y el único varón; nació entre el 22 de febrero y el 23 de abril de 1810. Generalmente se fija como fecha concreta el 1 de marzo, pero no se puede afirmar con seguridad que sea cierta.

Chopin
Chopin

Chopin conoció en su infancia tanto la riqueza cultural de Francia, a través de su padre, como el refinamiento y la elegancia de las cortes polacas. Recibió una educación tradicional; pero su inusual sensibilidad musical, demostrada precozmente, decidió a sus padres, cuando apenas tenía seis años, a ponerlo bajo la tutela de un profesor de violín, Wojciech Zywny. Con éste, Chopin aprende la música de Bach; a sus siete años compone su primera obra: una polonesa en sol menor. Un año más tarde toca por primera vez ante el duque Konstantin Pavlovich, hermano del zar de Rusia y gobernador militar de Polonia; al día siguiente la prensa de Varsovia lo aclama como «un genio desde el punto de vista musical». A partir de entonces, y hasta 1826, Chopin será el niño mimado de los salones, el prodigio polaco émulo de Mozart y la estrella pianística de la aristocracia de su país. El adolescente de catorce años que toca ante el zar en mayo de 1825 y recibe, por su magnífico recital, un anillo de diamantes, corría el riesgo de convertirse en un monstruo de los escenarios. Pero, en ese momento, su salud se resiente por primera vez y los médicos le ordenan reposo absoluto. Cuando en julio de 1826 Chopin se gradúa en la escuela superior, su carácter ha cambiado notablemente; ingresa de inmediato en el Conservatorio de Varsovia y sigue con aplicación sus estudios con Elsner (armonía, contrapunto y composición); no tardará en darse cuenta de que sus facultades musicales exceden con mucho las de sus compañeros e, incluso, las de sus profesores.
Entre 1828 y 1830 Chopin hace un ensayo de lo que será su definitivo abandono de Polonia: visita Berlín y Viena. En el primero de estos viajes, de cinco semanas, entra en contacto con la música de Mendelssohn, Weber y Hándel. El joven polaco se presenta en la activa sociedad musical que es Viena con dos conciertos en los que da a conocer obras de su creación: sus Variaciones, Op. 2, y sus Improvisaciones sobre temas folklóricos polacos.
A pesar de las críticas entusiastas, Chopin fracasará en su intento de radicarse definitivamente en Viena cuando, en 1830, abandona Varsovia para siempre: da con gran éxito algunos conciertos, pero los editores rechazan sus obras. A sus veinte años había dejado atrás un país invadido por las tropas rusas, vencido su ejército, aislado del resto de Europa. Pero dejaba allí también un amor, Constance Gladkowska, cantante de regular talento, quien le entregará un cofre con tierra polaca. Forma parte de la leyenda de este primer amor la creencia de que Chopin nunca se separó de ese cofre y hasta pidió ser enterrado con él. Sin embargo, todo parece indicar que su verdadera pasión era su amigo Titus Woyciechoswski, según se ha sabido recientemente, a partir de la recuperación de la correspondencia del gran compositor; Chopin era seguramente consciente de que debía utilizar, como cortina para sus amores homosexuales, algunos noviazgos con mujeres, en una sociedad tan poco tolerante y tan fervorosamente moralista como la polaca.
Cuando Chopin llega a París, en septiembre de 1831, arrastra el cansancio por el fracaso de Viena y la larga peregrinación a través de Munich; sin embargo, no tiene ninguna duda acerca de su talento musical y de la grandeza de sus composiciones. Una carta de recomendación del doctor Malfatti, médico de Beethoven, le abre las puertas del mundo musical parisino: Rossini, Cherubini, Kalkbrenner y los dueños de la sala Pleyel, quienes eran al mismo tiempo editores de música y constructores de pianos. En esta sala da su primer concierto en París, en febrero de 1832; entre el público se encontraban Liszt, Mendelssohn y Kalkbrenner. El éxito fue inmediato y a esto se unió la declaración de Schumann, quien poco antes había escrito en la prensa alemana que Chopin era un «genio del piano». En poco tiempo, su repertorio sustituiría en los recitales a las obras del irlandés Joh Field, autor de moda en la época y que tuvo gran influencia en la música de Chopin. Sin embargo, el joven polaco sabía ya que su inmortalidad estaría en la composición y no en el mundano y extenuante circuito de los conciertos; decide no dar más de dos recitales anuales y costear sus gastos con los derechos de edición de sus obras. Así, con una convicción y seguridad que muchos de sus contemporáneos le envidiarían, se sitúa más allá de los gustos y caprichos del público y los empresarios. Actitud, por lo demás, que, lejos de granjearle enemigos, conquista la simpatía de la aristocracia francesa, a la que agradaba tanto su tranquila continencia y sus exquisitos modales, como su aura de desterrado polaco y la intensa melancolía de su talante. Cuando el dinero le faltaba, Chopin ofrecía en los salones de la nobleza recitales privados, o daba lecciones a las tímidas y enamoradizas herederas de estas encumbradas familias.

Chopin tocando el piano
Chopin tocando el piano

Mallorca y Nohant

Sin embargo, quizá como recompensa de su reciente fracaso centroeuropeo, Chopin acepta realizar una gira por las ciudades alemanas de Aquisgrán, Colonia, Coblenza y Düsseldorf, viaje marcado por una serie de fructíferos y halagadores encuentros: con Mendelssohn primero, con Schumann y su esposa Clara, «la única mujer en Alemania que sabe interpretar mi música», y finalmente con la familia polaca Wodzinski, una de cuyas hijas, María, se enamora instantáneamente del compositor; Chopin soñó entonces, por única vez en su vida, con el matrimonio. Se comprometieron en 1836, pero la familia Wodzinski se opuso al casamiento. Ese verano el compositor sufre su primera grave caída en los síntomas de la tuberculosis; mientras reposa en Heidelberg recibe las apasionadas cartas de María. Pero cuando la noticia de su enfermedad llega a Varsovia, la familia de la novia obliga a la muchacha a romper toda relación con el compositor. Quizás entonces Chopin decidió no volver a tomar la iniciativa en lo referente a las mujeres. Cuando conoció, al año siguiente, a la baronesa Aurore Dupin Dudevant, más conocida por su nombre literario de George Sand, el músico se abandona a un juego de seducción en el que adopta un papel más bien pasivo; ella, en cambio, vestida de hombre, fumando y bebiendo, consigue, no sin esfuerzo, llegar a una plena aunque efímera relación física con el compositor, a la que seguirían años de un tortuoso vínculo en el que la baronesa le brinda un maternal afecto y cuidado. El conocido invierno en Mallorca (1839) pasado en la cartuja de Valldemosa frente a un idílico pero helado y húmedo paisaje, inició la ya irrefrenable decadencia física de Chopin, testigo disgustado de los devaneos de la escritora con los visitantes masculinos de la pareja. Pasada la crisis, a su regreso a París, Chopin y Aurore Dudevant se instalarían en la plaza de Orleans; esa convivencia tranquila, sin apremios afectivos, sexuales o económicos, marcarían el momento de la plena madurez de su labor compositiva.
En 1847, no obstante, se produce la ruptura con George Sand y ésta se retira a Nohant, mientras Chopin debe abandonar la lujosa casa parisina. Se instala por unos meses en el campo, en Passy, hace luego un esforzado viaje triunfal por Inglaterra y finalmente recala, a fines de 1848, en el número 12 de la plaza de Vendóme. Su actividad musical había declinado; los amigos saben que la muerte se aproxima. Su fiel Titus intenta llegar a París, pero no consigue visado. El 17 de octubre de 1849, extenuado por la tuberculosis, muere tras recibir la extremaunción, rodeado de una hermana y algunos amigos.
Fue el más influyente maestro de piano del siglo XIX. Sus innovaciones en las formas breves, como las baladas, nocturnos, scherzos, fantasías, preludios, valses, impromptus, polonesas, mazurcas, signadas por la explotación de las posibilidades del piano y su contenida pero audaz investigación del campo de la disonancia cromática y la modulación, constituyen un hito en el que la expresividad romántica, subjetiva e intimista, no se somete jamás al efectismo y la fácil exuberancia de algunos de sus contemporáneos.

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