Honore de Balzac

Honoré de Balzac

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Honoré de Balzac fue un escritor francés del siglo XIX, que creció al calor de una ambiciosa burguesía desarrollada durante el imperio napoleónico, y que fue, según sus propias palabras, religioso y monárquico legitimista. Tras la caída de Bonaparte en 1814 se identificó con la restauración de los Borbones, postura a la que siguió fiel durante la revolución política de 1830 y el gran movimiento social europeo de 1848. Sin embargo, en su obra narrativa, agrupada bajo el título de La Comedia Humana, se encuentra el más completo y deslumbrante retrato de la nueva sociedad de su siglo. Considerado el padre de la novela realista, entre sus títulos más célebres destacan Papá Goriot, Eugenia Grandet, el ciclo de Las ilusiones perdidas y La piel de zapa.

Acontecimientos importantes en la vida de Honoré de Balzac

1799 Nace en Tours.
1814 Llega a París con su familia y se establece en el barrio de Marais.
1828 Publica Los chuanes, primera novela firmada con su nombre, con la que alcanzará gran éxito
de público y crítica.
1834 Concibe el proyecto de La Comedia Humana, cuya escritura le llevará el resto de su vida.
1850 Muere en París.

Honoré de Balzac dijo alguna vez: «La historia de mi vida es la historia de mi trabajo»; y éste consistió, durante los veinte años más activos de su vida, en escribir las ochenta y cinco novelas completas y los numerosos fragmentos que componen La Comedia Humana, ambicioso proyecto que, según la concepción original, iba a ser la historia completa de la sociedad francesa contemporánea. Por escribir se llenó de deudas, y sólo escribiendo consiguió el dinero para pagar las mismas: «Balzac fue un auténtico industrial que fabricó libros para hacer honor a su firma», escribió Émile Zola, metaforizando esa ingente producción, considerada actualmente como uno de los pilares a partir de los que se desarrolla la novela contemporánea.
Su padre, Bernard-François, fue un ambicioso burgués de provincias que consiguió pasar de la sosegada vida rural a un modesto empleo de funcionario en París, en donde, no obstante, soñaba con títulos nobiliarios, llegando incluso a incorporar a su apellido el aristocrático «de». Su oportunismo le permitió sobrevivir a todos los cambios políticos. Al regresar de su aventura parisina se casó en Tours con Laure Sallambier, treinta y dos años menor que él y de cuna más elevada que la suya. El primer hijo del matrimonio vivió apenas treinta y tres días, y como la madre pensaba que la causa de la muerte fue su obstinación por amamantarlo ella misma, cuando nació Honoré, el 20 de mayo de 1799, fue entregado a una nodriza, así como también su hermana Laure, nacida al año siguiente. Cuando, cuatro años más tarde, los hermanos regresan a la casa paterna, se encuentran al matrimonio Balzac dedicado a medrar con el fin de ascender en la jerarquía social: en 1802 se habían agenciado un título nobiliario, el mismo año que nace Laurence, su tercer hijo. Los tres hermanos son confiados a una astuta y severa nodriza. A partir de entonces Balzac crece en un mundo falso, mezquino y calculador: todas las conversaciones que oye son en torno a dinero, herencias, títulos. Su madre, que nunca le prestó demasiada atención, era aficionada a diversos géneros de pseudociencia y ocultismo (magnetismo, psicologismo, sonambulismo, etc.), prácticas que no debieron de haber pasado inadvertidas al joven Honoré.
Al cumplir los ocho años es enviado como pupilo al colegio de Vendóme; su madre esperaba un cuarto hijo, probablemente ilegítimo. El colegio de Vendôme era religioso y de férrea disciplina: censura de correspondencia, régimen cerrado, prohibición total de salidas y visitas incluso durante las vacaciones. Honoré, alumno mediocre, se refugió en la lectura. En abril de 1813 cae en una especie de estado catatónico que él mismo denominaría «congestión de ideas», y las autoridades del colegio, temerosas de un colapso, lo devuelven a sus padres.

Laure de Balzac
Laure de Balzac

El adolescente Balzac era callado y observador; adoraba a su hermana Laure y con el resto de la familia sólo lo unía la común afición por la lectura y un cierto sentido de clan. En 1814, cuando los Balzac se trasladan a París, al barrio de Marais, tras la caída de Napoleón, el joven tendría la oportunidad de asistir como testigo a las componendas de su propia clase durante la efímera Francia de los Cien Días. Al acabar su bachillerato en el pensionado Le Pitre se matriculará en derecho y seguirá los cursos de sus admirados maestros Guizot y Cousen. Por esa época empieza a madurar la curiosa base ideológica que le acompañaría ya para siempre: «Escribo a la luz de dos verdades inamovibles: la religión y la monarquía». En 1830, cuando cayó el último rey absolutista y empezó la monarquía constitucional de Luis Felipe, él será legitimista; en 1848, tras la subida de Luis Bonaparte, se presentará a las elecciones por la lista de los monárquicos y sacará alrededor de doscientos votos.
Pero para entender su incipiente talento literario son más significativos los años de su primera juventud, con su empleo como pasante en casa de un procurador y un notario, donde empezaría a ser ese «secretario de la sociedad» de sus novelas. Allí fue testigo de todos los entresijos de la vida doméstica de la aristocracia, los nuevos ricos, la pequeña burguesía: en la sala de los pasantes se diseccionaban todos los casos y Honoré de Balzac disfrutaba enormemente con la comedia.

Bajo la sombra de Walter Scott

Su primer trabajo escrito del que se tiene noticia es de 1818: Notas sobre la inmortalidad del alma, que inaugura una serie de intentos estilísticos que ocuparían a Balzac durante diez años. El drama en verso (escribió uno titulado Cromwell), la novela gótica, el melodrama y hasta el ensayo sobre cuestiones jurídicas atrajeron a Balzac, quien sin embargo no publicó nada con su verdadera firma hasta la novela Los chuanes (1828). Mientras tanto, su hermana Laurence, que se había casado en 1821, muere de parto cuatro años después. Balzac pasa su iniciación amorosa con madame de Berny (la «Dilecta»), mujer mayor que su madre (lo que causa el disgusto de ésta), y se enamora luego de la duquesa de Abrantés, viuda de un general de Napoleón. Madame de Berny fue la primera en apoyar y fomentar la vocación literaria de Balzac, quien promete a su padre que se enriquecerá escribiendo libros. Pero la realidad es muy distinta: sus primeras publicaciones, firmadas con pseudónimo, fracasan estrepitosamente. Por ese motivo, a sus veintiséis años, en el París de la restauración borbónica, Balzac intentará atraer el gusto del lector no como escritor, sino como editor. Emprende, así, su primer negocio y compra por 60.000 francos la imprenta Laurens.
Para Balzac, instalado en los altos de su imprenta, su relación amorosa con una aristócrata es una suerte de trofeo social; dos años más tarde, sin embargo, había perdido mucho más que las ilusiones (Baudelaire habla de su «bancarrota mítica») y debe aceptar la quiebra irremediable de su empresa editorial. En 1828 se refugia en casa de su amigo Latouche para huir de los acreedores, mientras la maternal madame de Berny, enamorada de él, compra la imprenta a nombre de su hijo.
Pero, entre el dandismo y el quebranto económico, Balzac atraviesa por una fecunda crisis estética: ha comprendido que no llegará muy lejos imitando a Walter Scott, y abre, con Los chuanes, el camino hacia la nueva novela realista. El libro es un éxito de crítica, aunque no de ventas. El 9 de julio de 1829 la ambiciosa mirada de su padre se apaga para siempre; Balzac, como despojado de un corsé, se vuelca a un febril maratón creativo y comienza a frecuentar los ambientes literarios del triunfante romanticismo francés: conoce a Victor Hugo, a Alfred de Vigny, Mérimée, Musset, Alexandre Dumas. La publicación de Fisiología del matrimonio (1829) trae por fin el éxito de público y crítica: el libro, que es una suerte de anticipo temático y estilístico de toda su obra posterior, se vende hasta agotarse y es aplaudido incluso por el severo Gustave Flaubert. El año siguiente es presentado a Stendhal y a George Sand, ya como novelista consagrado. Por entonces comienza su correspondencia con la condesa Hanska: madame Eveline Pizewuska (la «Extranjera»), casada con un terrateniente ucraniano, al tiempo que tiene por amante a la bella y frívola Olympe Pélissier.
Balzac parecía justificar su avidez de amores diversos en su perenne estudio del intrincado carácter femenino, que, como el del orgulloso dandi o el hipócrita trepador social, es uno de los ejes centrales de su obra novelística. Pero su «investigación» en este terreno se tambalearía en 1833, tras su primer encuentro en Ginebra con la condesa Hanska, a partir del cual inicia una larga, tortuosa y sórdida relación que sólo acabaría con el matrimonio diecisiete años después. Hasta entonces su amorío fue sólo esporádicamente apasionado, y sucedió entre muchas cartas y pocos encuentros, dominados por las escenas de celos, el deseo de una paternidad nunca conseguida y la actitud esquiva de Hanska hacia el matrimonio, por miedo a que las deudas de Balzac agotasen su inmensa fortuna. Él, mientras tanto, no cesó de practicar la seducción de jóvenes nobles, como la condesa Guidobani-Visconti, a quien enamora en 1835.

Escritorio de Balzac
Escritorio de Balzac

La Comedia Humana

Aunque las ochenta y cinco novelas agrupadas bajo este título abarcan el trabajo de Balzac desde 1829 hasta 1848, la decisión de semejante agrupación fue tomada en 1834, y el rótulo unitario de La Comédie Humaine no surgió hasta 1840. Balzac sabía que cada novela era un mundo autónomo, pero pretendía que al mismo tiempo pudieran funcionar como capítulos de una suerte de ambiciosa enciclopedia sobre la condición humana, vista ésta, ácidamente, como la representación de una comedia. El proyecto incluía tres categorías generales: «Estudios analíticos», «Es-
tudios filosóficos» y «Estudios de costumbres»; éstos, a su vez, se dividían en las «Escenas» de la vida privada, de provincias, de París, de la vida política, militar y campesina. A pesar de que la última categoría fue la más desarrollada por su autor, las escenas políticas y militares quedaron sin sus proyectadas novelas. Al mismo tiempo que su pluma no conocía la fatiga en la progresiva plasmación de tan ingente proyecto (adicto al café, del que toma varios litros diarios, escribe entre catorce y dieciséis horas por día), su obsesión por el dinero le lleva a financiar empresas editoriales, todas concluidas en fracasos irremediables: La Chronique de París (1836) y La Revue Parisienne (1840). En 1836 comenzó la construcción de una casa cerca de Versalles, que hubo de vender dos años más tarde para pagar las deudas acumuladas; su colección de fracasos financieros y políticos acaba finalmente al terminar esta década, cuando intenta en vano ingresar en la Academia Francesa.
El prestigio conseguido le permite tomarse una pequeña venganza contra los fracasos de juventud: en 1836 publica sus obras tempranas bajo el título de Obra completa de Horace de Saint-Aubin. Luego emprende un largo viaje por Italia y Suiza, pero al regresar a París tiene que refugiarse en la casa de la condesa Visconti huyendo nuevamente de los acreedores.
Hasta 1843, fecha del siguiente encuentro con la esquiva, apasionada y desconfiada condesa Hanska, Balzac, eufórico y obstinado, conoce sus últimos años de salud plena y de dramaturgo ambicioso, que culminarán en el gran fracaso de su obra Los recursos de Quinola en 1842. En enero había muerto el marido de la condesa y, un mes más tarde, Balzac empieza el asedio, decidido a casarse con ella. Pero tras un apasionado verano en San Petersburgo, en que alternan noches blancas con días de querellas, Hanska, de regreso en sus tierras, escribe a Balzac, presionada por sus asesores legales, que le advierten acerca de los riesgos de una unión con el manirroto escritor y la obligan a demorar una posible boda.

Honore de Balzac
Honore de Balzac

Antes de reunirse en 1845 con ella, Balzac tiene tiempo de vigilar la publicación de tres tomos más de la Comedia y de recibir la Legión de Honor, especie de tardía compensación por su decisión de retirar, dos años antes, su candidatura de ingreso en la Academia Francesa. Entre 1845 y 1848 su vida podría resumirse en las dieciséis horas de escritura y las veinticuatro horas de batalla con Hanska: en agosto de 1845 pasan juntos el verano en Turena y Estrasburgo, entre marzo y junio de 1846 están en Roma, de febrero a junio de 1847 se visitan en Frankfurt. En septiembre de ese año Balzac se siente sin fuerzas: sufre de hipertrofia cardíaca y de graves problemas circulatorios, mientras sus ansias de casarse con Hanska crecen y se vuelven angustiosa urgencia. Por fin llegará a Ucrania con el otoño. Fascinado por la fastuosa propiedad y el nivel de vida de la familia Hanska, Balzac encuentra bien dispuesta a la condesa, pero complicados los pormenores del contrato matrimonial. Cuando vuelve a París asiste, como en un sueño, a la gran revolución, primero francesa, europea más tarde, de la mitad del siglo. Son las «blusas» contra las «levitas»: la aparición del obrero en el panorama político e histórico del siglo.
En 1849 Balzac ha pensado en la posibilidad de presentarse como diputado a las elecciones; durante el verano, tras el fracaso electoral, se obstina en conseguir un visado, llega a Rusia y permanece durante casi todo el año en casa de Hanska, con quien se casa el 1 de marzo tras un agotador invierno en que su hipertrofia cardíaca se agravó. Cuando vuelven a la propiedad desde la iglesia parroquial de Santa Bárbara de Berdichev, ambos están exhaustos. Ella tiene gota, él reuma.
En mayo, ya en París con su esposa, Balzac pasa su último invierno convertido en un amasijo de hidropesía, gota, gangrenas y abscesos: el 18 de agosto, después de recibir la extramaunción, muere durante la noche. Sus funerales fueron sencillos pero solemnes; fue enterrado en una ceremonia gloriosa, con Alexandre Dumas y el ministro del Interior junto a Victor Hugo, quien pronunciará un discurso en el cementerio de Pére Lachaise con el que cimentará su fama: «Todos sus libros forman un solo libro, viviente, luminoso, profundo, en el que vemos ir y venir, avanzar y moverse, con un no sé qué de pasmoso y terrible mezclado con lo real, toda nuestra civilización contemporánea…».

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