Platón

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Platón fue filósofo griego de fin del siglo V y comienzos del siglo IV a.C. En el momento de su nacimiento, Atenas vive aún su época de máximo esplendor, pero las guerras del Peloponeso contra Esparta (431-404) están minando ya las bases económicas y morales de la ciudad, que caen en su punto más bajo con la condena y muerte de Sócrates, en el 399. Gran parte del pensamiento de Platón se centra en la creación de un Estado ideal en el que vuelva a ser posible la convivencia social.

Infancia y educación

Platón nació en el año 428, o 427, a.C. en Atenas. Su padre, Aristón, era descendiente del rey ático Codro, último monarca de Atenas, y su madre, Perictione, descendía de Drópide, pariente y amigo de Solón el Sabio, legislador de Atenas. Es decir, que Platón pertenecía a una familia de aristócratas con sólidas conexiones políticas. En realidad se llamaba Aristocles, y lo de Platón es un apodo que debía de hacer alusión a su prestancia física (Platón, literalmente, significa ‘el de anchas espaldas’). Pese a que Pericles había muerto dos o tres años antes de nacer él y que Atenas se encaminaba inexorablemente hacia la decadencia, siendo un aristócrata y perteneciendo a una familia adinerada, Platón debió de pasar una infancia y adolescencia privilegiadas, ya que ambas transcurrieron dentro del sistema de vida instaurado en los tiempos de máximo esplendor. Los jóvenes pasaban sus días entregados al aprendizaje de las ciencias, la matemática y la filosofía; conocían a Homero de memoria, eran capaces de juzgar críticamente a cualquier poeta trágico y vivían el momento excitante de la invención del razonamiento deductivo, que iba a abrir de forma asombrosa el campo del conocimiento. Como dice Bertrand Russell al referirse a ese período, «fue uno de los pocos momentos en que era posible ser inteligente y feliz, y feliz a través de la inteligencia».

Platón conoce a Sócrates

A pesar de las importantes conexiones políticas de su familia, parece que Platón se interesó más por las artes. A los dieciocho años, y cuando estaba a punto de participar en el concurso de tragedias, entró en contacto
con Sócrates, a través de su maestro Cratilo (discípulo a su vez de Heráclito), y ese encuentro marcó definitivamente su vida. Sócrates le hizo ver la ignorancia de quienes se decían competentes; le enseñó que la virtud es conocimiento; el vicio, la ignorancia, y que el máximo valor es la acción moral. De Sócrates proviene asimismo la noción «tecnocrática» de que la política exige una preparación como la de cualquier otro oficio, noción que él aplicará luego al rey filósofo de su ciudad o estado ideal. Platón ya no se separaría de Sócrates hasta el mismo día de la muerte de éste, en el 399.

Socrates
Socrates

El viaje iniciático

Con veintiocho o veintinueve años de edad, y tan alarmado por los síntomas de decadencia en Atenas como decepcionado por la forma de actuar de los demócratas. Platón se refugió un tiempo en Megara en compañía del también socrático Euclides. Es muy probable que de allí se trasladase a Egipto y Cirenea, donde convivió con el matemático Teodoro. Su siguiente jornada le llevó a casa de Arquitas de Tarento, un pitagórico que iba a ponerle en contacto con otro de los hombres más decisivos en su vida: Dión, sobrino del tirano de Siracusa Dionisio el Viejo. Dión se entusiasmó con las doctrinas platónicas y en particular con el contenido político de éstas, pero debió de importunar con exceso a su colérico tío y tal vez incluso debió de tratar de imponerle a Platón como consejero. De hecho, lo único cierto que se sabe acerca de la relación entre el filósofo y el tirano es que éste entregó a Platón al embajador de Esparta para que lo vendiera como esclavo en Egina (que entonces estaba en guerra con Atenas). Afortunadamente para él, Platón fue reconocido por uno de sus amigos de Cirene, un tal Aniceris, quien lo compró para concederle la libertad.

Funda la academia

Ese mismo año, hacia el 387, Platón regresó a Atenas para fundar la Academia, una institución docente en la que, aparte de filosofía, se impartían enseñanzas de matemáticas y retórica. Pese a los lógicos altibajos y peripecias, la Academia platónica subsistió hasta el año 529 d.C. en que fue cerrada por orden del emperador Justiniano.
La fijación de Platón con Siracusa ha sido objeto de toda clase de bromas e ironías, y muchos de sus detractores continúan poniendo la relación del maestro con los dirigentes de Siracusa como ejemplo inequívoco del fracaso de las teorías políticas platónicas. Y en cierto modo dichas críticas parecen justas, toda vez que Platón, pese al amargo trance vivido durante su primera visita a Sicilia, aún volvería allí dos veces, con resultados similares.

Platon vuelve a Sicilia

Platón
Platón

A la muerte de Dionisio el Viejo, en el 367, Dión concibió la idea de hacer venir a Platón para que ejerciera las veces de tutor del sucesor del tirano, Dionisio el Joven. Platón no parecía muy optimista al respecto, pero se dejó convencer por la insistencia de sus amigos Dión y Arquitas de Tarento. El plan de éstos consistía en iniciar al joven Dionisio en la ciencia, la política y la filosofía, para luego reconvertir su régimen en una monarquía constitucional que pusiera freno a las ansias expansionistas de Cartago en Sicilia.
El primer regreso de Platón a Siracusa tuvo lugar en el 367, es decir, cuando contaba ya sesenta y un años de edad, pero su estancia allí no fue muy fructífera, porque las tensiones entre Dión y Dionisio el Joven se resolvieron con el exilio de aquél y un virtual arresto domiciliario de Platón, que hubo de ser rescatado por Arquitas. Y aún volvería allí una tercera vez, en el 361, logrando permanecer algo más de un año antes de que los conflictos con el tirano pusieran de nuevo en peligro su vida. Platón se marchó entonces a Atenas y ya no quiso volver más a Siracusa, ni siquiera cuando en el 357 su amigo Dión se hizo con el poder mediante un golpe de estado. Dión fue asesinado en el 354 y el propio Platón, ya octogenario, murió en el 348.

Un estado ideal

La insistencia de Platón por incidir de forma directa en las tareas de un gobierno era, independientemente de su éxito o fracaso, una premisa vital de cara a su propio sistema filosófico. En principio, su obra es una continuación de la de Sócrates, hasta el extremo de que los primeros diálogos parecen una fiel reproducción de las enseñanzas de su maestro. Pero cuando empezó a formular la más sonada y discutida de sus teorías, la de las ideas a Platón se le planteó la necesidad de perfilar el Estado ideal. Siendo un aristócrata al que le había tocado vivir la decadencia de Atenas y visto lo que una democracia era capaz de hacerle a un hombre como Sócrates, no es extraño que a la hora de imaginar una situación en la que la paz y la concordia social imperasen por encima de cualquier otra consideración, Platón volviese su mirada no hacia la Esparta contemporánea suya, sino hacia la Esparta mítica que Plutarco describe en su Vida de Licurgo. Sólo que, a la cabeza de ese Estado utópico, Platón no imaginaba a un rey guerrero al estilo espartano, sino a un rey filósofo, es decir, un «tecnócrata» dotado de las armas mentales adecuadas para hacer una correcta interpretación de la realidad y que obrara en consecuencia. Platón, por lo tanto, estaba perfilando una teoría del conocimiento cuya técnica, una vez asimilada por el líder como Sócrates quería, posibilitaría el buen gobierno.

Teoría platónica del conocimiento

En el Menón, Platón define ya las ideas como la esencia, o verdad, de las cosas. Una verdad que el alma posee de forma innata y cuya sombra o rastro puede ponerse de manifiesto por medio de la observación (recuérdese la famosa imagen de la caverna, en la República, VII), pero que también puede llegar a ser vista cara a cara, no a través de la metáfora o el mito, sino mediante un complejo proceso mental que desemboca en el concepto. Aquí, sin embargo, aparece lo que para muchos críticos y pensadores posteriores es el límite de la teoría platónica del conocimiento: cuando se trata de poner en relación las ideas y las cosas surge una contradicción.
Las ideas, en la formulación platónica, serían como modelos de las cosas que sólo resultan visibles si fijamos una imagen en la inestabilidad de la realidad, lo cual equivale a decir que las ideas son una expresión de las inmovilidades que solamente tiene lugar cuando, en momentos privilegiados, se detiene el incesante fluir de la realidad. Operación que, lógicamente, falsea dicha realidad.
El heredero natural de los sistemas de Sócrates y Platón es Aristóteles, y está generalmente aceptado que entre los tres pusieron los fundamentos a la tradición filosófica occidental. La parte correspondiente a Platón se considera una síntesis genial entre la lógica de Parménides y la religiosidad subyacente en Pitágoras y los órficos, síntesis que luego dará origen a sistemas filosóficos tan singulares como el de Hegel, por poner solamente un ejemplo.

Platón y Aristósteles
Platón y Aristósteles
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