Socrates

Sócrates

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Sócrates fue filósofo griego del siglo V a.C. Entre el año 490 a.C., fecha en que los griegos derrotan al ejército persa de Darío en Maratón, y el año 429, caída y muerte de Pericles, una pequeña ciudad como era Atenas, que en su momento de máximo esplendor no sobrepasó los 230.000 habitantes contando los esclavos, fue la cuna de un asombroso florecimiento cultural impulsado por hombres como Pericles, Esquilo, Sófocles y Eurípides, Fidias el escultor, Herodoto, Anaxágoras, Platón y el maestro de éste, Sócrates.

Sócrates, el soldado

Sócrates nació en el 470, o 469, a.C. en Atenas. Su padre, Sofronisco, era un escultor emparentado con Aristides el Justo, fundador de la Liga Delia, en tanto que su madre, Faenarete, ejercía de comadroma, oficio éste que el propio Sócrates reclamaba para sí diciendo que él ayudaba a nacer a las ideas (mayéutica). Participó como soldado de infantería (hoplita) en las batallas de Samos (440), Potidea (432), Delio (424) y Anfípolis (422), y aunque volvió de ellas sin ascenso alguno, en cambio se ganó fama de hombre dotado de una extraordinaria resistencia al frío, el hambre y el cansancio. Y además le salvó la vida a Alcibíades, gesto que fue el inicio de una sólida amistad, que más tarde se volvería en contra suya.
Casi todo cuanto se sabe de Sócrates proviene de tres contemporáneos suyos que, por diversos motivos, no son del todo fiables. Uno es el escritor de comedias Aristófanes, quien en especial en su obra Las nubes (423) exagera satíricamente algunos de sus rasgos más chocantes. Otro, Jenofonte, era un historiador militar que, según reconoció él mismo, no había sido dotado por los dioses de una inteligencia superior, lo cual no le hace el más indicado para dar cuenta de un filósofo. El tercero, Platón, podría haber sido el gran biógrafo del maestro, debido a su condición de alumno y de extraordinario hombre de letras, pero en general su Sócrates es acusado de ser excesivamente dócil y proclive a satisfacer sus propias necesidades como filósofo.

Sócrates, despreocupado y desaliñado

Sócrates
Sócrates

Se da por seguro que se casó, ya algo mayor, con Xantipa, una mujer que, aparte de haberle dado dos hijas y un hijo, calificados por el propio Platón de «insignificantes», ha sido objeto constante de bromas y chirigotas y víctima de toda clase de invenciones, siempre tendentes a resaltar su carácter brutal y soez y un inagotable desprecio por las dotes de su esposo. Todas las descripciones de éste coinciden en que era rechoncho, barrigón y de gruesa cabeza, en la que destacaban unos ojos saltones y una ancha boca de labios carnosos. A tal constitución hay que añadir su aspecto desaliñado, siempre descalzo y de descuidada indumentaria, haciendo gala de una gran despreocupación por la comida y la bebida. Parece ser que era habitual verle deambular por plazas y mercados sometiendo a sus ocasionales interlocutores (campesinos, mercaderes, artesanos, etc.) a interminables interrogatorios sobre temas aparentemente banales que dejaban confuso y perplejo al interrogado.

Sistema de enseñanza

Su curioso sistema de enseñanza, a través de preguntas y respuestas que acaban definiendo una cuestión, lo puso en práctica por vez primera Zenón, discípulo de Parménides, y en uno de los diálogos platónicos el propio Sócrates es sometido a interrogatorio. La mayéutica, lógicamente, es un sistema de conocimiento limitado, pues no sirve para establecer una ciencia empírica. Al mismo tiempo, sólo puede extraer un conocimiento que ya poseía el individuo y del que no era consciente debido a la propia confusión o a la falta de análisis. Lo cual, hasta cierto punto, suscita una cierta sospecha de manipulación platónica, toda vez que de ahí a la formulación de la teoría de las ideas preexistentes, separadas del mundo sensible y rememoradas por el hombre, hay sólo un paso.
La insistencia de Sócrates en importunar a los visitantes con preguntas cada vez más embarazosas acabaría ganándole la enemistad general, primero porque implicaba una intromisión pública en los planteamientos privados del interrogado, y segundo porque, en vez de dar soluciones, lo que solía hacer era plantear problemas donde no parecía haberlos. Para Sócrates, sin embargo, razonar es un proceso de depuración que permite ir perfilando lo justo o lo bueno.

Conocimiento y virtud

Para el pensamiento griego en general y para Sócrates en particular, conocimiento y virtud eran casi sinónimos. Pero en el caso de Sócrates, el primer paso hacia el conocimiento, y por lo tanto hacia la virtud, era la aceptación de la propia ignorancia. Él, que había sido declarado por el oráculo de Apolo el más sabio entre los hombres, sólo aceptaba tal honor porque decía ser consciente de su ignorancia. Sin embargo, la crítica socrática coincide en reprocharle que sus definiciones de lo bueno o lo justo no siempre obedecen a un acto puro de la razón, sino a un imperativo de orden moral: caso de encontrarse en una encrucijada (contradicción) en su camino hacia la virtud, Sócrates obedecía a una voz interior que le decía (sic) en términos morales lo que era bueno o justo en cada caso. Esa interferencia de la moral en la filosofía es un reproche que sigue haciéndosele a Sócrates en nuestros días, porque todavía hoy la forma más sencila de resolver una contradicción es recurrir al imperativo categórico. No obstante, aparte de haber dado origen a los sistemas filosóficos de Platón y Aristóteles (fundamento del sistema de pensamiento occidental), abrió paso al estoicismo, al predicar la virtud como bien supremo, y al cinismo, al negar los valores de los bienes materiales.

El juicio

Históricamente, el juicio contra Sócrates tuvo lugar cuando las guerras del Peloponeso habían arruinado Atenas y la ciudad vivía un ríodo de decadencia e inestabilidad marcado por los continuos golpes de estado y los intentos de restauración democrática. En la actualidad parece claro que Esparta, vencedora en el Peloponeso, conspiraba o alentaba a unos y a otros con el único objeto de mantenera inestabilidad que tanto la beneficiaba, que una reciente amnistía impedía juzgar la conducta de los ciudadanos bajo regímenes anteriores.

Acusación

Sócrates fue oficialmente acusado de impiedad y de corromper a los jóvenes. De hecho, de lo que se acusaba al viejo maestro era, por un lado, de atacar viejas tradiciones y creencias, y por otro de mantener una amistad demasiado estrecha con los miembros de la aristocracia que años atrás apoyaron a Pericles y que tras la caída de éste (430) estaban dispuestos a apoyar cualquier tipo de régimen político que no atentase contra sus privilegios. Unos, como Critias y Alcibíades, antiguos alumnos de Sócrates, habían dejado un sangriento recuerdo de su paso por el poder. Otros, como Aspasia y Calias, ya habían sido acusados a su vez de impiedad.

Resultado

La acusación fue ejercida por Anito, un ferviente demócrata que se escudó tras Meleto, un poeta trágico mediocre, y Licón, un oscuro retórico. Tras la exposición de estos dos, el tribunal compuesto por 500 jueces consideró culpable a Sócrates por 280 votos contra 220. Según la ley ateniense, tal condena implicaba la pena de muerte, aunque el acusado podía defenderse a sí mismo y proponer, en última instancia, una pena sustitutoria. Platón, testigo del juicio, reproduce en su Apología la defensa de Sócrates, y lo presenta como un hombre seguro de sí mismo, extremadamente inteligente, indiferente al triunfo mundano, convencido de haber obrado rectamente porque siempre actuó al dictado de una voz divina y convencido asimismo de que lo único importante en la vida es pensar rectamente. Sócrates, tras rechazar los cargos y demostrar su inconsistencia, acababa sugiriendo pagar una mina en concepto de multa, probablemente por considerar que ofrecerse a pagar más equivaldría a reconocerse culpable. Y aunque sus amigos se apresuraron a ofrecer 30 minas de penalización, el tribunal juzgó ofensiva la propuesta socrática y confirmó la condena a muerte por una diferencia de votos muy superior.

Muerte de Sócrates
Muerte de Sócrates

Condena

Según la ley, el condenado debía beber un vaso de cicuta en el plazo de veinticuatro horas a partir del momento de dictarse la sentencia, pero la ley decía también que no podía haber ejecuciones mientras estuviese fuera el barco sagrado. Comoquiera que éste tardó un mes en regresar a Atenas, Sócrates dispuso de treinta días para escapar (procedimiento habitual) o para aceptar cualquiera de las soluciones que le ofrecieron sus amigos. Él, sin embargo, optó por quedarse y consumar la pena de muerte. Tanto por sus doctrinas como por su forma de vida, o por su aceptación de la muerte, Sócrates podría ser el modelo que más tarde elegirían los mártires cristianos como vía de afirmación. Pero la gran diferencia entre los cristianos y los socráticos es que, así como para los primeros tan virtuoso puede ser el sabio como el necio, para Sócrates sólo hay virtud en la sabiduría, y la suprema sabiduría es el conocimiento de la propia ignorancia, que nada tiene que ver con la necedad.

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