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Etapa Monárquica de la Revolución Francesa

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La etapa Monárquica comprende desde el estallido de la revolución (Junio de 1789) hasta el 21 de Setiembre de 1792, fecha en que quedó abolida la monarquía.

Los Estados Generales (1789)

La aguda crisis económica por la que atravesaba Francia, así como los sanos consejos del ministro Necker, vuelto nuevamente al gobierno, convencieron a Luís XVI (soberano tímido, de mediana inteligencia y muy adicto al absolutismo) de la necesidad de convocar a los Estado Generales, gran asamblea esta (especie de parlamento) que estaba integrada por representantes de todas las provincias de Francia. Los estados generales, que no se habían reunido desde 1617, eran convocados solamente ante situaciones de suma emergencia, de verdadera crisis para el Estado francés. Se esperaba de dicha asamblea, grandes cambios en la administración del Estado, todos ellos favorables al pueblo.

En las elecciones realizadas salieron elegidos de 1200 diputados pertenecientes a las tres clases sociales, distribuidos así; 300 por el Clero, 300 por la Nobleza y 600 por el Estado Llano.

Estallido de la revolución: El memorable 5 de mayo de 1789, en el real sitio de Versalles (Paris), los estados generales celebraron su sesión inaugural, bajo la presidencia de Luis XVI, en medio de gran entusiasmo, emoción y expectativa. Mas, transcurridos algunos minutos, una honda inquietud se apodero de la sala de sesiones, pues, en su discurso de apertura, no hizo el soberano mención a las reformas anheladas y tanto tiempo esperada por el pueblo. Por el contrario, afirmo que estaba dispuesto a defender la plenitud de su autoridad absoluta, y que, asimismo, la misión primordial de la asamblea debía consagrarse a solo el estudio y solución de los agudos problemas financieros que afectaban a la Nación. Dicha declaración, como era de esperarse, produjo gran decepción, desconcierto y enojo entre los representantes del pueblo.

El problema de la votación: El conflicto entonces se presentaba amenazador, pues, el “Tercer Estado” se manifestó en seguida en oposición con la nobleza y el clero sobre la forma como decidir los asuntos a plantearse en la cámara. Estos dos últimos quisieron atenerse a la antigua costumbre de deliberar y votar por órdenes (clases) de tal manera que de tres votos (uno por cada orden) constasen dos para sí. En cambio el pueblo (Estado Llano), como formaba mayoría, sostuvo el voto por cabeza o individual, sin distinción de ordenes o estados.
Con ellos, lograrían convertirse en la fuerza más poderosa de los Estados Generales.
El rey, que presidia los estados generales, no aprobó esta última proposición, por cuya causa ofendido el pueblo (que representaba el 95 por ciento de la nación), se constituyó revolucionariamente en Asamblea Nacional ( 17 de Junio de 1789), sin contar con el clero y con la nobleza, aunque muchos de estos últimos se sumaron al Tercer Estado. Esta actitud constituyó el estallido de la Revolución.

Asamblea Nacional (1789)

Luego de la sesión de los Estados Generales, provoco un gran malestar al Tercer Estado el cual invito a otras ordenes (Clero y Nobleza) a reunirse en una sola Asamblea, lo que implicaba aceptar la solución del voto por cabeza. Los nobles rechazaron abiertamente el pedido; el clero no lo acepto, pero tampoco lo rechazo en forma terminante.
Luego de cinco semanas de infructuosas negociaciones, el Tercer Estado envió una invitación a las otras dos órdenes, señalando que si dentro de un breve plazo no se resolvían a sesionar juntos, iniciarían sin contar con el clero y con la nobleza. Muchos representantes del Clero, especialmente del bajo clero se incorporaron al Tercer Estado, y el día 17 de junio de 1789 se constituyeron en la Asamblea Nacional alegando que ellos solos representaban al 96% de la nación. A continuación proclamaron ilegales y nulas todas las contribuciones que no hubiesen sido consentidas expresamente por la nación, autorizando provisionalmente el cobro de los impuestos existentes y colocando a los acreedores del estado bajo la garantía de la nación francesa. Este fue primer acto revolucionario.
Como el rey ordenara la clausura en que sesionaban los diputados de la asamblea nacional, los representantes ocuparon entonces un gran salón del palacio de Versalles (local en el que los nobles acostumbraban jugar a la pelota vasca). Allí, bajo la presidencia de Bailly, se realizó la histórica sesión del juego de la pelota (20 de junio de 1789), donde juraron no separarse hasta haber dado una constitución a Francia.
Al ver el rey fracasado su intento, se dirigió en persona a la pretendida Asamblea Nacional, a la que declaro que sus actos eran nulos, y que las tres ordenes debían sesionar por separado. La Asamblea no acato su indicación, y se dice que el conde Mirabeau, diputado del Tercer Estado, afirmo: “Esta aquí por la voluntad del pueblo y solo saldremos por la fuerza de las bayonetas“.

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Juramento en la Sala del Juego de la Pelota

La Asamblea Constituyente (1789-1791)

Ante el curso de los acontecimientos, el rey tuvo que ceder y reconoció así la transformación operada, pues él mismo invitó al Clero y la Nobleza a unirse al Estado Llano formando una sola Asamblea, llamada Asamblea Constituyente, que tuvo por misión redactar la nueva Constitución. El rey había perdido su autoridad y la monarquía absoluta llegaba a su fin.

La toma de la Bastilla (14 de Julio de 1789)

Enterado el pueblo que el Rey preparaba un golpe de estado, y, que, así mismo, había obligado a dimitir a su ministro Necker, a causa de que este se opusiera a tan desacertado propósito, se movilizo inmediatamente. Entonces, el 14 de Julio de 1789, ataco la Bastilla,  fortaleza que servía de prisión de estado, considerada asimismo como el símbolo del despotismo monárquico. Después de cuatro horas de combate la masa popular alentada por Camilo Demoulines, consiguió someter a la guarnición y ocupar luego dicha fortaleza, la misma que fue totalmente destruida al año siguiente. El 14 de Julio quedo consagrado, así, como el Aniversario Nacional de Francia, esto es, como el Día de su Liberación.
El Rey, que no supo mantener el orden, demostró, una vez más, debilidad de carácter y hasta aprobó los actos de los revolucionarios, pues confirmo el nombramiento de revolucionario Baylli como alcalde de Paris y el de Lafayette, joven general héroe de la independencia Norteamericana y miembro de la asamblea, como jefe de la guardia Nacional (ejército popular al servicio de la revolución). Esta milicia adopto como emblema una bandera tricolor formada por el rojo y el azul (colores de París) y el blanco (color de la monarquía). Cuando Lafayette ofreció dicho emblema al soberano, lo hizo con los siguientes palabra:” Tomad, señor, esta escarapela que pronto dará vuelta al mundo”.

Agitación en toda Francia

La toma de la Bastilla fue un acontecimiento que sacudió a toda Francia y que, asimismo, repercutió grandemente en Europa.
La agitación y la rebelión comenzaron entonces a propagarse por toda la nación. No había policía ni ley que impusiesen el orden y el respeto, pues el país era recorrido por bandas dedicadas al saqueo, el hurto y el crimen.
Se desato una ola de persecuciones contra oficiales, funcionarios y jueces, muchos fueron ahorcados y decapitados, lo que obligo a los habitantes a organizarse formando guardias nacionales para defenderse. Por otra parte, los campesinos se negaban a pagar tributos a los señores, cuyos castillos fueron también saqueados e incendiados. “Así fue que atacaron las residencias de los nobles, se hicieron entregar los libros en que estaban apuntados sus tributos así como los archivos y les prendieron fuego”. Cundió el pánico general, el que se llamó “El gran miedo”. Alguien debía poner fin a esta grave situación por la que atravesaba Francia.

Histórica sesión del 4 de Agosto de 1789

La asamblea constituyente con el deseo de poner fin a la cada dia mas creciente ola de descontento, agitación y desordenes que convulsionaban a toda Francia, y conocedora, asimismo, de que el origen de todo esto hallábase precisamente en la supervivencia de derechos y privilegios feudales como las desigualdades e injusticias, resolvió, de una vez por todas, suprimirlos radicalmente: El Antiguo Régimen llegaba así a su fin.
Efectivamente en la memorable sesión del 4 de agosto de 1789, en medio de un entusiasmo que desbordo hasta la locura, y entre lágrimas, abrazos y aplausos, se decretó la abolición de todos los derechos y privilegios feudales, de los diezmos y tributos a los señores, a la vez que se sanciono, también, el establecimiento de la justicia gratuita, la admisión de todos los franceses a todos los empleos, etc., etc., “Dos miembros de la nobleza, el conde de Noailles y el duque de Aiguillon, dieron la señal de los sacrificios. Señores, obispos diputados de las ciudades, se suceden en la tribuna y declaran que renuncian a todos sus privilegios. En algunos horas quedó destruido el antiguo régimen”.
El derrumbe del feudalismo marcaba el fin del antiguo régimen, por ellos el 4 de agosto de 1789, ha quedado consagrado como una de las fechas más bellas y memorables de la revolución Francesa.

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

Es la exposición de principios de alcance universal que fuera aprobada por la asamblea, el 26 de agosto de 1789, en medio del júbilo de todos los diputados presentes. Consta de 177 artículos, que resumen precisamente las libertades y derechos de los hombres de todos los tiempos, sea cual fuere su credo, su raza y su patria, así como también los del ciudadano en particular. Dicha Declaración sancionó.

  1. Que todos los hombres son libres e iguales en derechos.
  2. Que los derechos naturales e imprescriptibles son: el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la seguridad, así como la resistencia a la opresión.
  3. Que los gobiernos han sido creados para defender esos derechos.
  4. Que la soberanía reside en la nación
  5.  Que nadie puede ser detenido ni castigado sino por mandato de la ley.
  6. Que los ciudadanos tienen el derecho de comprobar por si mismos o por sus representantes el correcto empleo de su dinero fiscal.
  7. Que la libertad consiste en hacer todo aquello que no dañe a otro.
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Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano

Jornadas de Octubre

Como el rey no promulgara las resoluciones aprobadas en la memorable sesión del 4 de agosto (Declaración de derechos), y, por otra parte, el hambre y la miseria amenazaran a la población de parís, a causa de la escasez de víveres y de pan, surgió el descontento general, preferentemente entre el elemento femenino, esto es, entre las amas de casa, principalmente. Entonces, millares de mujeres armadas de picas, lanzas y hoces, y seguidas por una compacta muchedumbre de hombres y niños, marcharon sobre Versalles (5 y 6 de Octubre de 1789), donde atacaron el palacio. Obligado por los amotinados, Luis XVI aceptó trasladarse a París, donde se instaló en el palacio de las Tullerias, bajo la vigilancia del pueblo.

La Fiesta de la Federación

El 14 de Julio de 1790, y con motivo del primer aniversario de la toma de la Bastilla, se realizó en París una gran concentración de delegaciones armadas que acudieron a la capital como representantes de las milicias populares de todas las provincias del reino. Este acto, a la vez que vigorizaba los sentimientos patrióticos, ratificaba, una vez más, la adhesión de todos los pueblos al nuevo régimen, al gobierno Revolucionario.
Una inmensa multitud, más de 14,000 delegados, se concentraron en el campo de marte en una fiesta que duro una semana (Fiesta de la federación, es decir, de la nación). Ante ella juraron fidelidad a la constitución y a la Patria tanto el Rey Luís XVI y la Asamblea como el general Lafayette.

La Constitución Civil del Clero

Las principales reformas religiosas sancionadas por la constitución de 1791, fueron las siguientes:
• La nacionalización de los bienes de la iglesia.
• La supresión de los conventos y del clero regular
• La reducción del número de obispos: de 134 a 83 (uno por cada departamento)
• La disposición de que, en adelante, los obispos y párrocos deberían ser elegidos por el voto ciudadano, en elecciones públicas y sin la intervención del Papa; se estableció; asimismo, un sueldo para los eclesiásticos.
Como el santo padre rechazara y condenara dichas reformas, se produjo la ruptura entre la iglesia y la revolución. Entonces, el Estado obligo al clero a jurar la fidelidad a la nueva constitución, pero una minoría, la de los llamados juramentados o constitucionales, lo hizo; en cambio el resto de los eclesiásticos se negó a ellos. Quedaba, así, dividido el clero de Francia.

La Huida del Rey

Luís XVI, que prácticamente había perdido autoridad, ante el curso de los acontecimientos, pretendió huir al extranjero con toda su familia, pero fue descubierto y detenido en Varennes, siendo conducido nuevamente a Paris y encerrado en las Tullerias. Poco después quedaba confinado en la prisión del Temple.

Promulgación de la Constitución de 1791

Durante más de dos años la asamblea trabajo arduamente en la elaboración de la primera constitución francesa, la que fue aprobada en 1791. De tendencia moderada, ejercieron decisiva influencia en su redacción los partidarios de la monarquía constitucional inglesa, tal como lo propugnara Montesquieu (existencia de tres poderes).
La constitución de 1791, que el rey juro cumplirla por lo que recobro su libertad y poder, estuvo precedida por la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, y fue precisamente la que puso las bases del nuevo régimen político (Democracia) próximamente a imperar en Francia, pues reposaba sobre el principio fundamental de que la soberanía residía en la nación; pero que esta, podía delegar su autoridad en la persona del Rey o en la Asamblea Legislativa. Así mismo, el gobierno debía constar de los siguientes poderes:

Poder Ejecutivo

Ejercido por monarca, delegado del pueblo y sin poderes absolutos, titulado: Rey de los franceses, por la gracia de Dios y la volutas de la nación. Era sin embrago inviolable e irresponsable, y se hallaba asimismo asesorado por un cuerpo de ministros. Las leyes debían ser sancionadas por él, teniendo derecho de veto suspensivo, es decir, que podía, durante cuatro años, rechazar su sanción. Pasado ese plazo, si la ley era de nuevo votada, ya no era necesaria la sanción real.

Poder Legislativo

Estaba formado por una sola cámara: la asamblea Legislativa de 745 diputados, encargada de votar las leyes, declarar la guerra y firmar la paz, así como de aprobar los impuestos.

Poder Judicial

Formado por jueces, esto es, por magistrados elegidos igualmente por el voto popular.
En lo administrativo, Francia quedo dividida en 83 departamentos y 44000 gobiernos locales o comunas (municipios).

La Asamblea Legislativa (1791- 1792)

Concluida la labor de la asamblea constituyente se eligió una nueva, la asamblea legislativa, encargada de dar leyes de conformidad con la constitución de 1791.
La asamblea legislativa tuvo solamente un año de duración, pues, acentuada la hostilidad contra el rey, culmino con la abolición de la monarquía constitucional para, así, dar paso a la Republica.

Aparición de los Partidos Políticos

Como la constituyente, antes de cesar sus funciones, había acordado que ninguno de sus diputados pudiera formar parte de la Legislativa, los representantes de esta nueva Asamblea era, pues, casi todos hombres nuevos, carentes de experiencia en el manejo de la coa publica, poco versados en política. Se hallaban agrupados formando los siguiente clubes o partidos políticos:

El de los Fuldenses o Constitucionalistas

De tendencia monárquica, eran hombres de derecha y mostrándose, debido a ellos, partidarios de la aplicación estricta de la Constitución, así como del respeto a la autoridad del rey “Sucediera lo que sucediese”.

El de los Girondinos

Procedían del departamento de la Gironda (capital Burdeos) y eran republicanos moderados, pues entendían que la revolución debía hacerse por medios legales, respetando las libertades individuales y los derechos; sin embargo demostraron una manifiesta hostilidad y animadversión a Luis XVI, pero, no obstante ellos, durante el proceso que se le siguió, sostuvieron que el soberano debería ser condenado mediante solo la comprobación previa de su culpabilidad. Los girondinos tenían como máximos exponentes a Vergeniaud, notable orador; Brissot y Maria Roland, mujer de gran talento.

Pierre Vergniaud
Pierre Vergniaud

El de los Jacobinos y Montañeses

Aunque eran republicanos y demócratas como los girondinos, creían, sin embargo, que para lograr el triunfo de la revolución deberían servirse de cualquier medio, es decir, proceder sin escrúpulos, sin respeto a las medidas legales. Eran, pues, republicanos radicales, de resoluciones violentas.

Declaración de Guerra a Austria y Prusia

El acto más importante de la asamblea Legislativa fue la declaración de guerra a Austria (centro de la conspiración extranjera contra la revolución), votada por la asamblea el 20 de abril de 1792, bajo presión de los girondinos.
Las primeras acciones militares favorecieron a los ejércitos austriacos y prusianos, pues, estos últimos lograron apoderarse de la fortaleza de Verdun, poderoso baluarte que defendía la capital. Fue entonces cuando declararon la “Patria en peligro” y, así mismo, el ejército revolucionario logro vigorizarse con la incorporación de nuevos cuerpos de voluntarios. Meses después, el 20 de septiembre de 1792, las huestes patriotas al mando del general Doumoriez y al compás de la Marsellesa, derrotaron a los prusianos en Valmy. En noviembre del mismo año, consiguieron nuevamente triunfar en la batalla de Jemmapes.

Asalto a las Tullerias y Caída de la Monarquía

El conocimiento por el pueblo y los partidos políticos de que el Rey conspiraba secretamente contra Francia revolucionaria, y, así mismo, los constantes fracasos iniciales de los patriotas en la lucha contra los ejércitos austriacos, exasperaron sobremanera a los jacobinos, quienes culparon de todo ello a Luís XVI. Acentuó igualmente la hostilidad y la animadversión al soberano el hecho de que se negara este a sancionar el decreto de expulsión de los curas refractarios, como a ratificar la declaración de guerra a Austria y, finalmente, el haber decretado la dimisión del ministerio girondino. Entonces, el pueblo de París, quiso exteriorizar su franco descontento, su repudio y enojo mediante una exhibición de fuerza popular “para intimidar al rey”, los jacobinos organizaron una gran manifestación popular, el 20 de junio de 1792 (jornada del 20 de junio). Dos columnas fuertes, cada una de varios miles de personas, hombres armados de picas y cubiertos con gorros frigios (gorros de fieltro rojo con la escarapela tricolor), mujeres vestidas de día de fiesta y niños llevando ramos de flores, se presentaron en la sala de sesiones de la Asamblea. Después de haber entregado en ella una petición, los manifestantes forzaron las puestas de las tullerias, penetraron hasta las habitaciones del rey y desfilaron delante de el, reclamando la sanción y la llamada de los ministros patriotas: Señor, dijo al rey el carnicero Legendre, uno de los jefes: sois un pérfido, nos habéis engañado siempre y nos engañais todavía; pero tened cuidado, porque la medida está llena.

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