Joyas de la tumba de Tutankamón

La tumba de Tutankamón

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La mayor parte de los faraones egipcios se recuerdan porque fueron grandes soldados conquistadores o porque construyeron gigantescos templos y tumbas. Tutankamón no fue ni un gran soldado ni un gran constructor, sin embargo es el más conocido de los faraones.
Esta circunstancia se debe al dramático descubrimiento de su tumba en 1922. Al contrario que el resto de tumbas reales, nunca fue saqueada y por ello estaba llena de magníficos tesoros.
Tutankamón nació aproximadamente en 1341 a.C. Sólo reinó durante nueve años y murió antes de cumplir los 20 de edad. A pesar de que no se sabe a ciencia cierta quiénes fueron sus padres, los candidatos más probables son Amenhotep IV (conocido posteriormente como Akhenatón) y su reina, Nefertiti.
Con el nombre de Tutankhatón, el niño fue criado en la nueva capital real: Akhetatón. Su probable padre había rechazado a los dioses tradicionales de Egipto en favor de un nuevo dios, Atón, y trasladado la Corte desde la antigua capital, Tebas. Al contrario que los antiguos dioses, Atón no era representado como una persona o animal, sino como el Sol. La estrecha relación de Tutankhatón con la familia real se ve enfatizada por su matrimonio con la hija de Akhenatón, Ankhesenpaatón, mucho mayor que él y probablemente su hermana. Este matrimonio dio más consistencia a las aspiraciones de Tutankhatón al trono.
Cuando Akhenatón murió, parece que Esmenkhare, hermano de Tutankhatón, se sentó en el trono durante un breve periodo antes de este, con nueve años de edad, le sucediera. Su nombre fue cambiado a Tutankamón y se abandonó la ciudad de Akhetatón. El traslado de la corte real a Menfis y la restauración de Amón como dios principal de Egipto sugieren que los consejeros del joven rey se oponían a las ideas de su padre y querían regresar a la ideología tradicional.
Tutankamón murió cuando tenía unos 18 años de edad. Se desconoce si fue como consecuencia de una conjura contra él, pero su cuerpo no presenta inusuales signos de violencia. Su muerte ciertamente inesperada, puesto que no se había preparado todavía una tumba para él en el Valle de los Reyes. En vez de ello se adecuó con rapidez una pequeña tumba no real -quizá destinada a un cortesano apreciado- y durante los 70 días que duraba la momificación del cuerpo se decoraron sus paredes.
La modesta naturaleza de la tumba implicó que, al contrario que algunas de las más grandes y magníficas tumbas del Valle de los Reyes, la de Tutankamón fue primero ignorada y posteriormente olvidada, especialmente después de que se echaran sobre su entrada los escombros producidos por la excavación de la cercana tumba de Ramsés VI. El faraón-niño permaneció sin ser molestado durante más de 3.500 años, hasta que su tumba fue descubierta por el arqueólogo inglés Howard Cárter en 1922.

Tumba de Tutankamón
Tumba de Tutankamón

El descubrimiento de la tumba de Tutankamón

Patrocinado por el aristócrata Lord Carnarvon, Cárter había estado trabajando en el Valle de los Reyes desde 1915. El 4 de noviembre de 1922, sus trabajadores descubrieron un grupo de escalones que conducían a una entrada bloqueada. Los sellos del acceso estaban intactos y mencionaban al dueño de la tumba: Tutankamón. Detrás de esta entrada, un corredor conducía a una segunda puerta. Cárter abrió un pequeño agujero en ella para ver qué es lo que había detrás. Lo que vio fue, según sus propias palabras: «por todas partes el brillo del oro». Estaba mirando dentro de la primera de las cuatro habitaciones de la nimba que, si bien pequeñas, estaban repletas de tesoros.
La primera habitación, la Antecámara, medía 7,8 x 3,5 metros. Los objetos más notables eran tres lechos rímales chapados en oro con forma de animales sagrados apilados contra el muro trasero y, a la izquierda de la entrada, un grupo de seis carros desmontados. Dos puertas conducían fuera de la Antecámara. La primera, a la izquierda, conducía a una pequeña habitación llamada el Anexo, que parece haber sido donde se almacenaron la comida, vino y aceites para el rey. La otra entrada, a la derecha, estaba completamente bloqueada y guardada por un par de estatuas del rey a tamaño natural. Esta entrada conducía a la cámara funeraria.
Al igual que las otras habitaciones, la Cámara Funeraria era muy pequeña para ser la tumba de un faraón, sólo medía 6,37 x4,02 metros. Es la única habitación de las cuatro con decoración pintada en los muros. Pero lo que es más importante, fue allí donde reposaba el propio Tutankamón.
Pasada la Cámara Funeraria había otra pequeña habitación más. Se llamó el Tesoro, principalmente por la soberbia calidad de los objetos encontrados en su interior, que incluían maquetas de barcos, altares de oro y cajas de joyas. En el Tesoro también había dos ataúdes en miniatura, cada uno de ellos con un feto momificado en su interior. ¿Se trata de los nonatos hijos del faraón y fue por ello por lo que Tutankhamón no dejó herederos que le sucedieran? El misterio puede que no se resuelva nunca.
Desgraciadamente, Lord Carnarvon no llegó a conocer qué se escondía dentro del sarcófago de Tutankamón, pues murió antes, en abril de 1923 y por entonces la larga tarea de vaciar la tumba y conservar los objetos de su interior apenas había comenzado. El trabajo fue finalmente completado en 1932 por Cárter, que murió siete años después. El monumento conmemorativo de Carnarvon y Cárter es la maravillosa colección de objetos procedentes de la tumba de Tutankamón que ellos descubrieron, además de la historia de lo que seguramente sea uno de los más emocionantes y espectaculares descubrimientos arqueológicos realizados hasta el momento.

Rostro de la tumba de Tutankamón
Rostro de la tumba de Tutankamón

La máscara funeraria

La máscara es sólo una parte del gran tesoro encontrado en la cámara funeraria. El cuerpo momificado estaba guardado en el interior de varios sarcófagos, uno dentro de otro, como si se tratara de una muñeca rusa. Dentro de un sarcófago de cuarcita había un ataúd de madera de ciprés cubierta por una fina capa de oro. En el interior de éste había un segundo ataúd de madera chapada en oro, elaboradamente decorado con materiales preciosos, incluidas fayenza, obsidiana y lapislázuli. Finalmente, había un ataúd de oro macizo que pesaba 110 kg. Cuando se levantó la tapa de este último, reveló el cuerpo momificado y la máscara funeraria de oro de Tutankamón. Las manos del rey también estaban cubiertas de oro y las vendas escondían una impresionante cantidad de joyas.

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